jueves, 26 de febrero de 2009

Primavera



Parece que la primavera se adelanta o algo así. Este año me tiene bien cogido. Me siento frente al balcón a las tres de la tarde y el aire, resplandeciente de sol, parece un mundo que arde, pero no quema, y llama, y pide guerra. Cojo la bici y todo es hermoso porque el viento que me da en la cara es una caricia térmica y aromática, el sol calienta el cuerpo lo justo. El mundo parece amable y en él se puede hacer cualquier cosa. Las cosquillas de las curvas, la brisa, el sol; el sol calienta la piel de la gente, activa su mecanismo automático y todos somos flores, todos expulsamos feromonas como locos.

Ella y su perfume de primavera, metido en mi pituitaria, ella, diluida en mi sangre como una droga que me mantiene brillante, perfumado de sol, bajo el sol. Mammonio está desesperado y cree que yo no porque la tengo a ella. Él quiere ser. Yo quiero ser del todo. “I wanna be at all”. La primera vez que escuché “I wanna be adored” de los Stone Roses creí entender eso. Cuando descubrí la verdad, en fin, decepción.

Mammonio no entiende que no la tengo como él cree: se me escapa, inabarcable como un mar que se quisiera atrapar entre dos brazos. Y yo, por mucho que busque el encuentro, resbalo también entre sus dedos. La unión total es imposible. La belleza genera ansia, incomprensión, fascinación. Conceptos de agua o arena que las manos no pueden modelar. Amar es permitir buscar el uno en el otro lo que no se ha de encontrar nunca.

El sol, el aire, el viento, las flores. El jolgorio de la calle. Mi misantropía se confunde. Mi silencio irrita menos. Todo se ve más grande y nítido. Tengo el cuerpo impregnado de su olor de primavera. No se va. La primavera la ha tornado en una flor inmensa y yo sólo sueño con posarme en sus pétalos una y otra vez, como un insecto presto a derramarle el polen, derramado mil veces antes, y a la vez, nunca...

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Tam-Tam

Mi vacío traspasa lo que me rodea.

De otro modo,
mis órganos no podrían
seguir cayendo hacia ningún sitio.

Y vives en la misma
hondonada donde antes me perdía
en mi propio eco.

Ahora toda la sima está llena,
y el exterior,
hueco.

Por eso lo que tocas suena a recuerdo compartido.

La vida-tam-tam,
exprimida en la unión,
sirve para hacer ruido...

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martes, 24 de febrero de 2009

Péndulos

Los colgantes que penden de las orejas del tiempo.
Los avalorios, los pendientes:
dime cómo te haces viejo y te diré si son de oro.

El tiempo escucha en las esferas de los relojes el crujir de sus ruedas
sobre nuestra gravilla de tierra.

¿Te he dicho que muero por aspirar tu alma a través del olor de tu cuello?

Los pendientes del tiempo oscilan entre extremos.
¿Cuáles serán los tuyos?
¿Y lo míos?

Veo péndulos-escobas que oscilan mientras
el tiempo barre el polvo movido por su aliento;
oigo péndulos-fusiles que oscilan entre el disparo y el suicidio
de los silencios.

Siento péndulos que huyen del centro y alternan dos caras igualmente falsas.

Sin el tiempo quedaríamos eternamente quietos.
¿Conoceríamos el equilibrio?
Cuestión de instante, brillo,
como gestos crepusculares de alegría.

Pero,
qué sincronía cuando el tiempo pasa sobre nosotros
como una sola estela...

Balancéate como marea, compañera,
que mi péndulo de luna
hará que rompan las olas
acompasadas al borboteo de la espuma...

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lunes, 23 de febrero de 2009

La gran Panerada


Leopoldo la lió de nuevo. Completamente cargado de calmantes, era casi incapaz de articular sus palabras con claridad. “El loco delira, pero no miente”, balbucía continuamente ante el rechazo de la audiencia. Pocos de allí sabían con quién trataban. Los perfopoetas que lo introdujeron, esos, quienes no dudaron en aprovechar la oportunidad para editar con el poeta más representativo del grupo de los “novísimos”; esos, que pagaron a aquel (que estará siempre en la historia de la literatura española) tan sólo 200 euros por su aparición pública- esos no sabían nada de Leopoldo María Panero, salvo su posible utilidad como combustible para la vanidad ilimitada de algunos ignorantes.

Y lo hicieron con una falta de pudor que rozaba el exhibicionismo. Algunos ni siquiera se sabían el título del libro, recién publicado y cuya presentación justificaba el acto, de memoria; otros afirmaban con total tranquilidad haber descubierto a tamaño poeta a raíz de su presencia esta semana pasada en el Festival Internacional de Perfopoesía. Sobre todo ignoraban con qué personaje se las estaban midiendo, y él se encargó de dejarlo claro, como siempre.

Y es que, con mucha frecuencia, la falta de luces va acompañada de la osadía más impertinente. Tras presentarlo mediante una lectura perfectamente currada y sincronizada de sus poemas, lo dejaron a su suerte solo, sobre un escenario con público y un micro por delante. No está mal, para tratarse de un anciano esquizofrénico, su solidaridad y sensibilidad hacia su enfermedad. Para él, el verdadero autor, el mayor poeta, no consideraron prepararle nada ni hacerle compañía arriba, aunque sólo fuera para guiarlo en medio de su divagar visionario y alucinatorio. Ellos ya habían acabado su recital, les habían aplaudido, habían publicado con él, y, por lo tanto, ya le podían dar por culo como el que tira una cáscara de plátano tras alimentarse. Ninguno de los que lo introdujeron lo conocía de antemano. Ninguno; pero por estética respetuoso-falsofelatoria, lo presentaron con grandilocuencia. Ya digo que no lo conocen. Se lo pusieron a huevo.

En fin, sólo recitó cuando lo obligaron a hacerlo y de mala manera. La gente se permitió el lujo de ordenarle leer. Él, sin embargo, les habló de que la CIA controlaba todos los medios de comunicación y gritó varias veces “viva ETA”. La gente se levantaba y se iba. Leopoldo se excusó para salir a mear y ya no le dejaron seguir: tenían su alimento, pero no querían el escarnio. Qué tremenda osadía.

Ahí quedó. El valor de la lectura fue metapoético. Al la salida oí a alguien llamar la atención a los organizadores por dejarlo así, solo, frente al público, y ese alguien se excusó en que durante la tarde lo habían ensayado y les salió bien. Ya digo que no lo conocen en absoluto. El bueno de Leopoldo tiene tras de sí décadas de tomar el pelo a lameculos de la misma especie. Si se hubieran molestado en averiguar algo más de él... pero no. Les engañó según su costumbre. Y es que no tenían el nivel para afrontar semejante compromiso con uno de los más grandes poetas de este país.

Y, al fin y al cabo, ¿esos tíos quién coño son?

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viernes, 20 de febrero de 2009

Dientes entre la lana

Un bozal de lana,
sobre la cara,
un bozal.

Una diana en la arena,
una araña en el portal
-se rasgan ansias entretejidas
por el aire de la escena...

La diana siempre aguarda a que quieras ser un arco…

Muerde, ensaña tus actos
como si fueran de sal
con el dolor de las heridas;
la mosquitera de seda
y su guardián y la colmena
esperan a que seas algo
bajo la luz de la vida
-es bueno tener sombra.

Pero desconfía:

Es en la luz donde se aplaude
al susurro incipiente del final…




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jueves, 19 de febrero de 2009

Boya

A veces me sube la marea;
y entonces ya no estoy,
como no está el que se viaja
entre sus vértigos.

Y a pesar de tener mis ojos entre tus paredes,
a tu alcance de estepa,
tan lleno de listas de nombres y sucesos,
¿qué cabida tienen los remolinos invisibles
en que me hago océano en un silencio opaco
a toda voz presente?

Te digo: “estar” es cuestión de actitud,
“no estar”, de poder.

Cuando me sube la marea ya no veo
lo que libre llega por el aire,
ya no oigo ondas sólo porque me traspasen:
mando sobre los sentidos y les dicto un mundo.

Cuando me sube la marea la espuma sube a borbotones,
como fuente de mi corazón licuado,
y las olas pasan sobre mí
como las sábanas de agua de mi alma.

Cuando me sube la marea me arropo,
como una boya,
en el capricho de la inmensidad,
y ni oigo, ni veo, ni siento
salvo la profundidad del cielo y del fondo...

Esa, a la que llamas “silencio”...

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miércoles, 18 de febrero de 2009

Cinismo







Lo que resulta tan aberrantre de los cínicos es que han aprendido a rebatir la verdad.

Pero, claro, lo que constituye su gloria alimenta también su maldición: a pesar de alcanzar la cumbre, son incapaces de abstraerse de sus propias mentiras...

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