martes, 26 de mayo de 2009

Hermitage

Un palacio cerrado por otras manos y otras llaves.

Subo y bajo escalando sus paredes y cornisas,
haciendo memoria de sus formas con las manos,
y me asomo a los cristales sellados,
donde se muestran tus ojos al ventanal.

Tras ellos, te asomas tú,
tan encerrada como yo,
enclaustrado en el resto del mundo.

Contigo dentro,
el asedio nombra mi vida
y los muros de palacio,
los confines de tu cuerpo,
la piel definitiva,
el tacto del sueño,
la geografía del gemido...

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Suelas

Mientras el corazón cambia los compases
de los pasos de lo eterno,
no tengo zapatos para andar...

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Eternidad con estómago

Mientras la eternidad se balancea en mis pestañas,
el panadero espera el euro que no tengo,
y yo sólo espero pan.

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Luciérnaga ciega

A veces,
la mayor luz de todas interroga a los espejos.

¿De dónde procede ese brillo de misterio
que os corona como estrellas?

Y nunca cree la respuesta,
vagando como si no existiera...

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Causa-efecto

La belleza detiene los instantes y los hace eternos.
Y no al revés.

Y la vida, modelada por ella,
responde una respiración
que amolda el cuerpo
a sobrecoger al tiempo...

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Una nota y un avión de papel

Como una cuchilla de pétalos rojos,
siento cómo vibra el tiempo
al desgarrarse en las yemas de los dedos.

El corazón,
corrompido por un color profundo,
expele su canto de eclipse de luna.

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lunes, 25 de mayo de 2009

La estampida inversa

El tío estaba en medio del campo. Era una pradera. El cielo estaba despejado, se ponía el sol, las estrellas lucían y la luna llena ya empezaba a hacerse con el cotarro del cielo. Eso pensaba mientras miraba embobado. Luego, sintió que pronto se jodería las vértebras y volvió a mirar al frente.
Cóño. Había frente a él una especie de pitufo resplandeciente que le acercaba la mano en señal de amistad.
- Hola- le empezó a decir con una especie de cortesía japonesa- soy un alienígena, como ustedes nos llaman, aunque bueno...
- A mi me parece un híbrido entre un gusiluz y un pitufo- le dijo, cortante.
Gusi, como lo bautizó mentalmente, se quedó pensativo un instante, y al cabo lo volvió a intentar.
- No entiendo. ¿Son los gusiluz alguna especie de casta sacerdotal? Es que en nuestro catálogo de animales y vegetales no consta ninguna de esas raras especies que menciona.
- Bueno, es costumbre que los gusiluz pasen la noche en la cama con los niños...
- Verá- continuó Gusi- es que estoy aquí por un viaje de estudios. Estudio algo parecido a los que ustedes llaman "antropología" y puede que le haga algunas preguntas que le resulten extrañas.
El tío no cabía en sí de gozo. De repente se le presentaba esta oportunidad inmejorable.
- Ya- le dijo- bueno, no se preocupe, estoy algo familiarizado con esa disciplina.
- Entonces podríamos empezar ya, voy algo atrasado y está prohibido manipular el espacio-tiempo antes de los exámenes.
- Bien, pero sólo si me permite entrevistarlo a usted también.
- Bien; poco ortodoxo, pero lo acepto. Podríamos empezar por esa comparación que ha hecho usted entre los de nuestra especie y los de la suya. ¿A qué entes se refería usted?
- Bueno, para serle franco, los humanos somos muy hipócritas y casi nunca decimos la verdad. Tenemos lo que nosotros llamamos "tabúes", es decir, temas prohibidos aunque inevitables.
- Ajá...
- Así que los gusiluz, en realidad, son seres que dan placer sexual a las mujeres por las noches. Surgen de la noche y aparecen por sorpresa. Traen a los humanos de cabeza.
- Oh, entonces, ¿mi apariencia puede resultar socialmente polémica?
- E individualmente, se lo aseguro.
- Vaya, ¿y los pitufos?
- Los pitufos son seres azules que te exprimen los cojones para extraer lo que ellos llaman "zarzaparrilla", un extracto que les sirve de alimento.
- ¿De veras? Menos mal que nosotros tenemos los cojones, como usted dice, dentro del cuerpo, je, jee...
- ¿Se reproducen sexualmente?
- Oh, no exactamente, simplemente somos hermafroditas y según nos de, fecundamos o parimos.
- Ah, ya veo.
- Pues me toca. ¿qué me acarrearía parecer esos dos seres al mismo tiempo, aquí, entre los humanos?
- Lo que yo llamo una "estampida inversa", es decir, que los humanos sienten una inspiración búfala que les hace dirigirse precipitadamente y a la vez, hacia usted, con el noble propósito de integrarlo en el suelo cultivable en cuestión de segundos.
- ¿Abono? ¿Me podrían cambiar la composición molecular tan rápido? ¿Y con qué tecnología?
- Una relacionada con la herencia genética.
- Oh, manipulan los genes, qué poco informados estábamos en la facultad sobre sus avances...
- Ya; usted, ¿tiene buen expediente?
- Bueno, aprobados.
- Ajá, y, ¿cuánto tiempo hace desde que, en su civilización, la educación se masificó y comenzó una eterna reforma?
- Unos doscientos-mil años, pero siguen sin estar de acuerdo. Es una tradición ya, en nuestra cultura.
- Ya, comprendo... y, ¿cómo pilota la nave?
- No sé... le digo adónde quiero ir, lo que quiero beber, la realidad virtual que me apetece. Es un trasto guai.
- Ujum... ¿no le dijeron nada de nuestras costumbres con respecto a los extranjeros?
- No.
- Tiene usted que obtener el permiso de residencia. Eso es esencial.
- ¿El qué?
- Es un papel, un objeto. Usted tiene que ir a por él, y escribir ciertos datos complejos en unos formularios; eso sólo para solicitarlo, claro. Después tiene que esperar a que se lo concedan o no. De no obtenerlo, sería usted expulsado de nuestros estados habitables.
- Pero...- y en ese momento se le iluminó la mente- ¡Venga ya! ¡Te estás quedando conmigo, hombre! ¡Cómo iba yo a tragarme semejante patraña! ¿Permisos de residencia? ¿Escribir? ¿Papeles? ¿Objetos? ¿Ir a por cosas? Pero, ¿tú nos has tomado por locos o gilipollas?
- Bueno, admito que lo último no era cierto; aquí todos somos iguales y vivimos en paz, las mujeres se complacen con sus gusiluz y los hombres temen a los pitufos, y todo el mundo es feliz así. Pero en el caso concreto de usted, existe un gran peligro de que sufra la temida estampida inversa. Debe marcharse cuanto antes.
- Ay, nada como una conversación lógica y civilizada. Seguiré su consejo. De todas formas, ya tengo bastante para hacer el paripé.
- No exagere, hombre.
- Sí, asi es como llamamos nosotros a lo que ustedes llaman "tesis doctoral".
- Ah, ya veo; es que la universidad ya no es lo que era, ¿eh?
- Y que usted lo diga...
- Ciao.
El alienígena volvió al bosque y a los pocos segundos su nave despegó de entre los árboles. Ya era de noche. Ah, sí. Él llevaba perdido dos semanas tras un accidente de avioneta, y hacía días que había abandonado por completo cualquier forma de esperanza.
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