Qué poca luz emites,
y qué costumbre más rara
la de ser alumbrado, que no nacido,
por el faro de otro.
¿Cómo se hace? ¿Cómo se necesita?
A veces escupes y brilla la saliva
como una parodia de estrella
- esos son tus truenos de maravilla;
de mes en mes,
o de año en año,
pares, que no alumbras,
cándidos flirteos con el polvo de una silla.
Descansa, siéntate,
estornuda tu alergia resignada.
Pero qué poca luz emites,
y cómo exiges caudales de rebaño
a quien chasquea con los dedos
los luceros de la poesía.
En tu pozo,
¿qué se siente?
¿Cómo se puede no emitir un sol
con el calor de la sangre encendida?
Sólo tú lo sabes,
gran misterio,
que reclamas tu imposible
como un salmo,
cuando nadie repara en tu pozo,
ni en tu fondo de lodo.
Poesía,
río que fluye con vida propia
con sólo abrirle el grifo...
Y tú,
impedido,
juegas con la sombra
con la esperanza de las viejas,
-penumbra de velas,
y plegarias susurradas entre líneas...
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martes, 30 de noviembre de 2010
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Dream be my will
Pasar por la vida sin dejar rastro,
dejarla impoluta,
como si nada.
Algunos queremos vivir como fantasmas
y reinar en la muerte
como hermanos de dios.
Pero es mentira.
Lo que de verdad queremos
es lo que de verdad debe hacerse,
realizarse ,
de manera innecesaria,
diabólica,
antinatural...
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dejarla impoluta,
como si nada.
Algunos queremos vivir como fantasmas
y reinar en la muerte
como hermanos de dios.
Pero es mentira.
Lo que de verdad queremos
es lo que de verdad debe hacerse,
realizarse ,
de manera innecesaria,
diabólica,
antinatural...
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martes, 9 de noviembre de 2010
Delirium ab nauseam
La poesía da pocas alternativas; o te haces un funcionario de las relaciones institucionales, o te cobijas bajo una tienda de campaña política, o te dejas consumir en tu atemporalidad reclamada, aplastada por la temporalidad de los trenes que pasan sobre ti. O simplemente la abandonas.
Lo peor sucede cuando empiezas a entrever que entre líneas no hay nada, salvo el delirio, y aquellos que comercian con él son mentirosos, fantoches o vampiros. Ya no me interesan las flores, ni el tiempo, ni el viento ni las recreaciones alucinatorias en el amor, que de nada sirven salvo para avivar una llama en el oyente que ni siquiera el poema ha encendido. La poesía es un conjuro que sólo funciona con seguidores resignados de la magia, pero las palabras no dejan de ser meras etiquetas cuya opacidad impide alcanzar lo que es, de todas formas, inalcanzable. Congelar los sentimientos, el vértigo, eso sublime que se siente, esa reclamación de divinidad que no quiere ser olvidada tras la broma pesada de la muerte. La poesía es una mierda cuando se la compara con sus propias pretensiones. No, ya no creo en los poetas. El mar no es infinito y está lleno de petróleo, envases de agua mineral y basura. Que seamos, como me dijo el otro día Luis, conciencias hechas para la eternidad, es una nota del humor negro que tan bien maneja este cosmos al que le importa un carajo las estrellas.
Yo no la dejaré, como no se dejan otras cosas. A veces coloca, y está bien; otras veces resulta más divertido esgrimirla contra algún capullo. Pero no deja de ser un juguete. No quiero más lecciones ni reflexiones de la vida; prefiero a la vida en sí, para llevármela de recuerdo como único equipaje. Estoy harto de textos que vienen a decir siempre “aquí estamos, qué bonito”, u “os odio energúmenos” o “ved qué sentimientos tan originales tengo”. Ya no aplaudo cuando alguien enseña la polla, por pura desidia.
¿Y los juegos accesorios? Incluso no jugar se considera un movimiento estratégico. Dramas, despedidas, marchas... Yo sólo veo desesperación, torpeza en el uso de las herramientas y, sobre todo, un insano y aburrido delirio colectivo de los niños que están perdidos dentro de sí mismos...
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jueves, 30 de septiembre de 2010
El contrato social del Siglo XXI
Lo peor de los imbéciles no es que lo sean en sí, sino que su propia condición los hace, además, pertinaces en sus rasgos. Si tratas de explicarle a un gilipollas de premio en qué consiste su oscuridad, éste se defenderá, luego se lo pensará y, tras comprobar que efectivamente lo es, se dedicará con pasión a cultivar esos rasgos en plan industrial de manera desinteresada y para todo el mundo. Conclusión: se pierde el tiempo, cuando no se empeora la situación. La lógica no es su norma, sino el exabrupto, espontáneo, imprevisible y fresco como una coz en la mañana (y en los huevos).
Cuesta aceptar ese hecho y, al poco tiempo, ya estás intentando corregir lo incorregible.
Y puede que a mí también me hayan dicho que “tratar con memos es perder el tiempo en una labor solo válida para idiotas”, justito para que luego intente corregir a todos tronados de los que me he rodeado, así que probablemente tengo lo que me merezco. Pero hay otra cosa; las personas cambian, los tontos no. Y es cierto; y, si bien ello debería insuflarme un poco de alegría sádica mediante la recreación en la observación de la estulticia ajena, la verdad es que la desesperanza, las pulsiones genocidas y la impotencia ante el abismo insalvable me azotan con falsos rayos de esperanza por una imposible vía de comunicación.
Los tronados vocacionales no dudan; esa es otra característica: no dudan nunca porque no piensan, sólo segregan. El raciocinio sólo se da a posteriori, y en la mayoría de los casos la conclusión es volver a pasar por el mismo sitio donde se han pegado la hostia, como si pensar implicara una nueva y fulgurante especie de amnesia. Lo importante es lo endocrino, y si una hostia les proporciona un caos químico suficiente, se realizan. Lo importante es mantener el sistema hormonal en un permanente estado de alteración, como si en ello residiera el secreto sumo de la sofisticación, porque es su forma de sentir el tiempo. Los idiotas, además, consideran su carencia de conexiones neuronales como una especie de bendición. Confunden ese vasto vacío que intuyen en su interior con una puerta al misterio divino, cuando en realidad lo que hay es precisamente lo que no hay. El misticismo sin contenido, totalmente posado, y el juego de la profecía nunca pronunciada son sus armas sociales por excelencia. Al menos son capaces de una cierta mimesis y, si bien están intrigados, adoptan perfectamente el gesto del que sabe algo que los demás no saben, aunque nunca lo pronuncien. En cualquier caso, como no dudan nunca, ni siquiera se paran a pensarlo y, si alguien se lo soplara, no lo comprenderían y lo desdeñarían en tanto que difícil y, por tanto, no espontáneo, no apto para las masas, y sin lucecitas y pitidos, lo que es aún peor.
No sirve para nada, la verdad, intentar solucionar el embrollo. No sé si hay alienígenas, ángeles, dioses o destinos, pero gilipollas sí que los hay a puñados grandes, por todos lados, soltando su ponzoña a hectolitros mientras que nosotros, enfermos, callamos por humildad, por dudas, por educación o simplemente una pura y aburrida abulia ante un horizonte plagado de ellos y, al parecer, hecho a su medida.
¿Dónde está la letra pequeña del contrato?
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miércoles, 22 de septiembre de 2010
Atentado monedista
El aire,
que te rodea,
el aire.
Se hace puzzle, se enrosca y se tiñe de vela,
el aire.
Piezas como palabras que se enredan,
corrientes que hablan como descargas,
piezas de papel que se encaraman,
una a una,
por el viento flotante de la espada;
y que viva el aire,
y vívelo como es,
rebosante del naranja de esta tarde.
La tierra, el mar y los tejidos,
el oro, la embriaguez y las candelas;
tan sólo déjame a mí el aire,
resignada,
y yo lo injuriaré con mis teselas.
El aire,
que te rodea de bruma,
el aire;
el aire,
que me inflama
como un astro
tu atmósfera de luna,
el aire...
Como un conjuro,
haré la alquimia del color
allá donde sólo un todo cabe
y nada existe;
sólo el agua,
fría, transparente, incolora;
sólo el cielo y su mentiroso viento,
sólo el sueño y sus fraudes de promesas,
conforman mi reino de castillos en el aire,
-tu aire,
que te rodea,
el aire-,
y el conjuro,
la tormenta,
el calor
y la promesa,
se te presentan,
en la nada,
con todas las luces technicolor
de mi alma enferma,
como si de un proyector
se tratara...
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que te rodea,
el aire.
Se hace puzzle, se enrosca y se tiñe de vela,
el aire.
Piezas como palabras que se enredan,
corrientes que hablan como descargas,
piezas de papel que se encaraman,
una a una,
por el viento flotante de la espada;
y que viva el aire,
y vívelo como es,
rebosante del naranja de esta tarde.
La tierra, el mar y los tejidos,
el oro, la embriaguez y las candelas;
tan sólo déjame a mí el aire,
resignada,
y yo lo injuriaré con mis teselas.
El aire,
que te rodea de bruma,
el aire;
el aire,
que me inflama
como un astro
tu atmósfera de luna,
el aire...
Como un conjuro,
haré la alquimia del color
allá donde sólo un todo cabe
y nada existe;
sólo el agua,
fría, transparente, incolora;
sólo el cielo y su mentiroso viento,
sólo el sueño y sus fraudes de promesas,
conforman mi reino de castillos en el aire,
-tu aire,
que te rodea,
el aire-,
y el conjuro,
la tormenta,
el calor
y la promesa,
se te presentan,
en la nada,
con todas las luces technicolor
de mi alma enferma,
como si de un proyector
se tratara...
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Mierda, o la inquietud
Camino esquivando mierdas de perro. Siempre el mismo recorrido, a la misma hora. Cuatro paredes, un suelo y un techo, y mucho ruido. La gente baila, o hace capoeira. Cuando paso saludo siempre, pero a veces me responden. Eso me inquieta.
Escribo esquivando mierdas de perro. Siempre el mismo recorrido, a la misma hora. Cuatro paredes, un suelo y un techo, y mucho papel blanco y palabras. La gente lee, o te pone a parir directamente. Cuando escribo saludo siempre, pero a veces me responden. Eso me inquieta.
Toco esquivando mierdas de perro. Siempre el mismo recorrido, a la misma hora. Cuatro paredes, un suelo y un techo, y un mástil largo lleno de trastes. La gente escucha, o te pone a parir directamente. Cuando toco saludo siempre, pero a veces me responden. Eso me inquieta.
Vivo esquivando mierdas de perro. Siempre el mismo recorrido, a la misma hora. Pero son seis los cielos, seis, como los toros de una tarde para turistas, los que hacen sus juegos de ilusionista.
Mi trabajo consiste en observar desde lejos cómo me cornean en sueños.
Eso me inquieta. Yo no soy torero de cielos. Los cielos no existen.
¿Qué es esto?
¿Qué es?
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jueves, 16 de septiembre de 2010
In the City
Limpieza, color blanco, silencio.
Ciudad, trajes, camisas blancas,
silencio.
Manos limpias, leyes,
guardias perfumados,
inactividad y olor a lejía,
silencio;
música relajante,
color blanco,
normas,
sonrisas complacidas,
silencio.
Máquinas en marcha,
humos controlados,
morales color blanco,
silencio.
Silencio en el hormiguero,
chanclas de residente,
y pies,
muchos pies,
perfumados,
color blanco,
aire de jabón,
y sobre todo,
nada,
la espera,
nada,
el silencio,
nada,
el color blanco,
y las llamas,
las llamas,
como sueños muy verdes,
las llamas verdes,
muy verdes,
y las bombas
que rompen el silencio atronador
que aprieta y aprieta
hasta que todo explote...
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Ciudad, trajes, camisas blancas,
silencio.
Manos limpias, leyes,
guardias perfumados,
inactividad y olor a lejía,
silencio;
música relajante,
color blanco,
normas,
sonrisas complacidas,
silencio.
Máquinas en marcha,
humos controlados,
morales color blanco,
silencio.
Silencio en el hormiguero,
chanclas de residente,
y pies,
muchos pies,
perfumados,
color blanco,
aire de jabón,
y sobre todo,
nada,
la espera,
nada,
el silencio,
nada,
el color blanco,
y las llamas,
las llamas,
como sueños muy verdes,
las llamas verdes,
muy verdes,
y las bombas
que rompen el silencio atronador
que aprieta y aprieta
hasta que todo explote...
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