lunes, 9 de noviembre de 2009

Homenaje a San Pedro, pescador de hombres



Una semana de silencio. Ya estaba bien. Salir al mundo, dejarse ver un poco, tomar aire, vivir más. Vamos, aburrirse en este “espacio” tan trabajado. Y es que cuando el alma está enredada entre tantas redes, rota e inútil de nacimiento...

Juanele y su visita anual, ir al museo, ir a presentaciones de libros y que lo tomen por psicópata para deleite de todo el mundo. Suceden las ausencias soberbias como muestras de la infinita creatividad y espontaneidad de la estupidez tan a la moda de las bacterias que temen la osmosis de su propia miseria.

Ahora cenamos bien, ya no cantamos por las calles, ya no nos sentamos a la espera de una aurora de vino barato en cualquier banco. Como contrapartida, las palabras son más reales, la comunicación más fluida y, sobre todo, ya no hay que soportar el oportunismo de los vampiros que vienen a tomar un trago de falsa confianza con el pretexto de nuestra trampa-insulto más despectiva.

Le dije a Juanele que recitar en público equivale a pescar una sardina y luego besarla en la boca.

Qué asco, cómo os odio, sardinas del mundo, sardinas vocacionales, sardinas pescadas por pescadores, malditas sardinas cristianas.

Que os bese en la boca vuestra puta madre...

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1 comentario:

Juan Asís Palao dijo...

Quacking-pingüino,

la deriva estuvo presente en las andadas recuperadas, la ferocidad de la noche en un Chagall, y qué buena suerte tiene la malalehe cuando nos toca calentar motores.

Un gran abrazo.