martes, 31 de marzo de 2009

Arsa



Cómo pesa el sueño. Pesa como un cielo, de esos que te prensan. Si Júpiter fuera sólido su atmósfera en la superficie sería aplastante, aparte de la propia masa del cuerpo. Tengo la atmósfera de Júpiter presionando sobre mi maltrecho cerebro. Agotamiento. Todo es gas.

Mammonio es un maldito bastardo. Ayer me convenció para que le dejara acompañarme a recibir mis retribuciones en materia de viajes astrales. Nada más llegar, mientras esperábamos a la chica portadora de las llaves, pronunció sus intenciones de masturbarse y eyacular en la cara de todos los presentes, para que quedara claro a todos los presentes. El muy cabrón me prometió que se comportaría. Le encanta verme en situaciones embarazosas. Como los perros (huelen cuando la situación te hace incómodo gritarles y reñirles, y entonces aprovechan, con cara de cabrona felicidad, para hacer todo lo que no se les permite normalmente- los niños también, el mamífero-cachorro parece tener claro su papel en la vida).

Así que hice lo mismo que con mi perra Aika: pasé de los presentes y le paré los pies; los demás debieron pensar que estoy loco, pero a estas alturas, cinco más, cinco menos, ¿qué coño importa ya? Cuando llegó la Madre Superiora intentó ligar con ella con esa voz melosa y musical que hace groseramente evidentes sus intenciones (también me había prometido no hacer eso), pero me lo llevé inmediatamente para que no llegara más sangre al río, con éxito. Lo que me faltaba era que por su culpa perdiera a mi mejor contacto en materia de pasta mágica. La culpa es mía. Cuando se pone borracho no hay quien lo aguante. Al regresar, cuando se puso a mear en un árbol de la Avenida Felipe II (a las 21.00, a dos o tres metros de las mesas de una terraza), simplemente seguí mi camino dejándome llevar por el viento. Recordé cuando Blackpool hizo lo mismo a las 16.00 de la tarde en uno de los naranjos de los soportales de la Plaza del Salvador, justo cuando pasaban a su lado dos municipales de patrulla. Estaba también pedísimo. Le multaron, con el correspondiente cacheo.

¿Y por qué iba andando? Ay, esta Sevilla mía. Sus ciudadanos son capaces de soportar servilmente durante siglos el caciquismo imperante, y aún así están orgullosos de semejante demostración de cobardía y sumisión perruna. Esta Sevilla del cabezazo a la fortuna y de la exhibición de las clases; esta Sevilla cateta, ordinaria y amante del linchamiento romero; esta Sevilla cuya Plaza de San Francisco se abarrotaba cuando la Inquisición hacía sus Autos de Fe; esta Sevilla, que con gusto hubiera acogido la muerte de Miguel de Servet (descubridor del funcionamiento del sistema circulatorio, pero que negó la Santísima Trinidad) y donde hoy las Cofradías han decidido perdonar al vulgo y no lucir sus lazos blancos contra el aborto. Qué misericordiosos.

Pues bien, esta incomparable ciudad llena de fuste señorial es tan valiente que sus hijos de puta predilectos, que no tienen otra cosa que hacer que joder a los ciclistas, en lugar de dar la cara, ponen trampas en el carril bici. Estos mequetrefes y petimetres del charol con casco de gomina (parecen títeres de papel maché) son capaces de hacer, con una lonchita de un tapón de corcho y un trozo de alambre grueso y afilado, una chincheta a prueba de neumáticos. Supongo que a alguno le habrán molestado las faltas de ciertos ciclistas que van a lo suyo, pero puestos así, ¿por qué no aplican el mismo principio a la ingente cantidad de cabestros que se saltan los semáforos en sus coches, atropellan peatones o se matan mutuamente en la carretera? ¿Por qué no siembran de esas mismas chinchetas las avenidas y las autopistas? Porque el ciclista, en tanto que supuesto “pordiosero”, está desprotegido, o al menos eso indica el ideario folclórico del lugar.

La protección, aquí, viene de la mano del dinero (o sea, de la corrupción y del “¿qué hay de lo mío?”). Estos cobardes sin dignidad ni orgullo que permitieron que uno de las mayores asesinos de la Historia (el General Queipo de Llano) se ensañara con su propia gente impunemente, y aún más, este año gritarán “guapa” a la Virgen que lleva su fajín, allá por la Macarena, se creen que recuperan la categoría perdida con un tapón de corcho y un alambre. Esa es la miseria.

Y qué grasioso es el sevillano, siempre riéndose a costa de la debilidad ajena. Eze é er zentio del humor de la tierra.

Y el puchero (ojú) y el romero y la hierbabuena (o sea, hueso de cerdo hervido y matorrales silvestres, que era lo único que podían comer mientras los señoritos vivían de las rentas). ¡Pero ezo é lo mejón der mundo!

¡Sublimemos la mierda a categoría áurea!

Eso si que es la “grasia” y el “salero”.

Ojú...

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lunes, 30 de marzo de 2009

Segunda cuerda, 3er traste



Trastea. Y cuando hago vibrato, se queda afónica, se calla. Ello es porque la cuerda roza en alguno de los trastes de más abajo. Ello es porque el quintaje que se le hizo no es perfecto. La cuestión: teniendo por delante los últimos ensayos y el concierto, ¿llevarla de nuevo a Musical Ortiz a que me la arreglen, con el riesgo de que me digan “déjala aquí y la recoges mañana”? No puedo perder ni un día... o, ¿pasar de todo y tocar de todas formas? El defecto sólo se nota cuando ese maldito Re se dobla. Curiosamente, ninguna de las canciones que vamos a tocar lo precisa. Sí, esperaré a que pase el concierto y me acercaré a la tienda con los colmillos bien afilados. Grrrr...

Ayer estuve en casa de Paul viendo los últimos videos que hemos grabado en el local. Recuerdo aquel día perfectamente porque fue cuando decidí llevar la guitarra a quintarla bien, ya que daba problemas. Perdimos una hora y media intentando conectar la mesa a la videocámara para conseguir mejor calidad de sonido, pero algo hacíamos mal y salía sobresaturado. Con el local lleno de gente es difícil concentrarse y hacerlo bien. Aún así, creo que con cierta ayuda podremos solventar eso en el futuro. ¿Demasiada salida? ¿Los amplis demasiado altos y saturaban los micros? Creo recordar que lo intenté todo, pero no soy técnico y no tengo ni puta idea. El caso es que eso me desmoralizó un poco y al final hicimos la grabación con un micro en medio del local, de mala leche. Recuerdo tocar fatal; sin embargo, ese mínimo no quedó mal (tampoco brillante, pero no catastrófico), lo que da algo de moral. Viene bien grabar los ensayos.

(...)

Ha caído un laúd en Sierra Nevada que ha sepultado a veinte esquiadores; un poeta lírico tocó el alud como cortejo de su amada.

(...)

Tocar el alud...

Tocar el alud...

Alas de alud...

(...)

Surfeo en el tsunami de nieve...

Toco el alud bajo el laúd...

La espada está en la boca,

La que todo lo abre.

(...)

Mirar al mar como fuente...

La ceguera incurable de los regantes
frente al flujo celeste de los ríos...

¿Los ves?
Como larvas en capullos de seda,
se forman en silencio y motean de blanco
el espacio que pesa justo en los pulmones;

Distancia que se prende en la frente
cuando se mira con ojos sellados;
vacío impreso con fuego,
el empujón de lo cercano
tras el muro del viento...

¿Los ves?
Los capullos de seda pesan menos que tus ojos,
te traspasan,
superan el horizonte medido en tu mirada.

Y en el parto de un río rompe en aguas
el cielo sus palabras eléctricas...

Mirar el mar como fuente,
la sorpresa de los cauces...

Las orillas,
mojadas como las comisuras de la boca,
no dejan oír las palabras de aire que por ella
vuelan desbocadas...

Y se sorprenden, claro,
de que fuente y recipiente
canten alto un unísono misterio
de unidad infinita...

Es decir, no se lo creen.

El viento sigue soplando.

Siempre tararea algo...

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Confesiones y confidencias


He empezado a leer las “Confesiones de un inglés comedor de opio”, de Thomas de Quincey. Todo este tema de las adicciones siempre me interesa por el provecho que puedo sacar de sus enseñanzas; es como si necesitara un cierto abrigo de argumentos y, en cierto modo, de justificaciones; y, ni que decir tiene, descubrir que se puede ser un adicto al fuego sin que ello implique una pobreza intelectual o humana, así, a secas, resulta esperanzador. El caso es que me leí la introducción del autor (las “Confesiones preliminares”) y, como siempre me pasa con él, su prosa, su sintaxis, su manera de enlazar ideas y de discurrir me engancharon de nuevo. Hace años leí “El asesinato considerado como una de las Bellas Artes” y me sucedió lo mismo. Me inspira. De aquella lectura saqué bastantes ideas y fundamentos para mi infumable ladrillo “El enemigo absorto (confidencias a una pared)”, impublicable, pero que al fin y al cabo es mi primera “novela” terminada (en realidad se salta todo lo que hace digerible al género). Así que, por añadidura, siento una gran gratitud por ese ingles muerto.

En cualquier caso, tras leer las “Confesiones Preliminares” decidí dar marcha atrás y leerme las 80 páginas que Cátedra ha considerado oportuno poner como introducción. Me jode, pero no puedo saltármelas nunca, es una manía. Fastidia que te digan u orienten la lectura, pero con sentido crítico pueden resultar muy instructivas.

Y a eso voy. El autor de la Introducción (maldición, me he dejado el libro en casa y no puedo poner su nombre) se refiere con frecuencia a la edición revisada de este libro que De Quincey hizo hacia el final de su vida, donde, según el crítico, el centro de interés del trabajo se centra más en la persona y experiencias tempranas de De Quincey que en el opio en sí y sus cualidades, objetivo inicial del primer manuscrito, cuando el autor era joven. Y en la edición que tengo tan sólo añaden algunos apéndices de la versión (revisada y ampliada) que De Quincey dejó siendo ya anciano, considerándose mejor la original por la mayoría de la crítica.

Aunque el introductor reconoce que el autor señala, en la primera edición de 1821, a los orígenes de los desajustes que conducen a la disposición a ser adicto ubicándolos en la infancia y relacionándolos con experiencias traumáticas (es decir, se sugieren ya los fundamentos de la psicología freudiana), no valora, sin embargo, las revisiones que añadió (que van en esa dirección: una investigación más detallada de las experiencias personales de la infancia y la adolescencia), por considerar que el tema central del libro ha de ser el opio y sus efectos, y no el propio De Quincey. En mi opinión esa idea rebosa de ingentes cantidades de ilustrada candidez: no es De Quincey el centro de atención, sino el adicto y su adicción, lo que a mi entender, comparado con una simple serie de relatos fantásticos de visiones opiáceas, tiene mucho más fuste y resulta mucho más interesante e innovador que las simples experiencias sensoriales de un enamorado de la sustancia.

Porque tras cualquier adicción se esconde un problema anterior, ese que hace que se recurra a sustancias que contrarresten un desequilibrio intuido o consciente. La resolución de ese problema es la finalidad de la versión ampliada: localizar y arrancar la verdadera raíz (y volvemos a entrever la filosofía freudiana por medio). Puede resultar más pesado (por las deliciosas disgregaciones de De Quincey) y menos “aventurero”, pero sin duda tiene mucha más chicha.

De todas formas corroboraré todas estas opiniones leyéndome las dos versiones y comparándolas, en lugar de poner a parir al crítico por sus incongruencias argumentales. Que me gusta, Dios...

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viernes, 27 de marzo de 2009

Una semana más...


Ya queda una semana para la presentación oficial de la banda. ¿Nervios? Con tanto detalle del que estar pendiente no da tiempo para eso. La semana que viene haremos los últimos ensayos, y a liarla parda. El tema nuevo ha entrado bien, aunque he tenido que modificar algunas cosas de la letra; efectivamente, algunos versos eran demasiado largos para cantarlos con comodidad y los he simplificado. Ya la pegaré por aquí otro día. De todas formas esa canción no va en el set list de este concierto; probablemente se tocará en el siguiente (en Granada, Málaga o Almería).

Por lo que a mi respecta nunca se está preparado del todo, pero hay que dejar de lado las neurosis obsesivas y las paranoias. Todo el que se acerca al local de ensayo sale contento, lo flipan, pero la mierda tiene una dimensión cósmica, más allá de opiniones y hechos estadísticos, y si existe, existe, por mucho que las voces la intenten acallar.

Tocaremos durante una hora más o menos. Puedo decir con orgullo que sólo tocaremos tres versiones, lo demás es original, y muy rockero (aviso), lo que para una primera tocata ya supone un gran avance. Estamos pendientes de colgar pronto los videos que grabamos en el local de ensayo y, tras este concierto, nos meteremos a grabar, realizar un par de videoclips, etc.

Así que aquí estamos. Ensayando desde octubre en una formación nueva y partiendo desde cero. Lo más difícil ya se ha superado porque, una vez en marcha, ¿nos parará alguien?

Como dice la canción más a lo The Stooges que tenemos,

Kill the demons you created...




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jueves, 26 de marzo de 2009

Chuch-Power

La perra me estresa. Es su presente y huidiza reclamación permanente de relativas cosas... El caso no es ese, sino lo que refleja: la perra tiene poder moral sobre mí. Increíble. Ese mamífero de tendencias coprofágicas, originales concepciones sobre la diversión y cuyo sentido de la higiene y la pertinencia de relajarse en según qué sitios llama mucho la atención a cualquier estudioso de la yacística (de yacer, no de jazz, eh) existencial en ámbitos tendentes al antropomorfismo (o el humanoidismo), tiene autoridad moral sobre mí, ¿qué sucede?
En mis tardes de programado autostracismo, cuando la hipnosis televisiva entra en fase con el momento absorto-cannabico, en lugar de existir sarcásticamente, me pongo a sufrir porque no se puede retrasar la hora del paseo. Resultaría cruel, me digo a mí mismo. Ella se pasa la tarde mirándome atenta desde el rincón. Los Chuchus vulgaris son muy observadores de la mímica y los hábitos de los humanos (conocidísimo el caso del perro de Paulov, con cuyo libro La influencia de los sonidos en la conducta alimenticia de los humanos obtuvo un enorme éxito entre su comunidad), y ella no es una excepción. Conoce la hora del paseo, lo que hago antes (levantarme del sofá, ir al dormitorio, trincar la chaqueta, evaluar los daños, apagar cosas, coger las gafas, no olvidar el tabaco, coger la correa) y actúa siempre con exacta pertinencia. Su mirada no me deja opción. Tiene poder sobre mí.
Tiene poder sobre mí...
Tiene poder sobre mí...
mi...
mi...
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lunes, 23 de marzo de 2009

Sin mirar



Hay un tema nuevo para los U-Bets, y lo he escrito en español. He procurado evitar la rima fácil, aunque en cuanto a métrica esta letra me sigue repateando los huevos. Como siempre, lo que más me gusta es la música a la que la he adaptado, más que otra cosa; como siempre, va de la relación tormentosa entre el sexo, la inseguridad, la congelación de los mecanismos emocionales, el frío y la mojigatería que no se atreve a entregarse, y el sentimentalismo romántico, que casi olvida que ese vampiro tan malo al que permanentemente denuncia, le proporciona, al fin y al cabo, unas sesiones de sexo oral excelentes. Si os lo queréis creer, desde luego (me acabo de inventar todo esto sobre la marcha, ¿qué mentira os tragaréis y cuál no? lo dejo al libre arbitrio de la teoría de la recepción). La salvación en el último momento (es que el mal de Occidente es que se ha creído todos sus cuentos de hadas), por así decirlo.

La pongo, no la pongo... Bueno, la pongo; de todas formas, “naide” visita la página ni comenta ni nada por el estilo. Si le diera cancha a la paranoia me montaría toda una película acerca de ofensas provocadas por mis escritos y demás, pero estos no son buenos tiempos para horrorizarse de los propios actos; por el contrario, una reacción de desagrado u horror, en el estado analgésico en que se vive, sería sin duda toda una victoria. Eso te deja sin argumentos para sufrir paranoias. Rachas, sol, lo que sea. Lo más importante, seguir. Lo más probable, indiferencia estéril.

Qué se le va a hacer...

Ahí va la “letra”, que os sea leve (es un buen castigo, malditos infieles, por otro lado).

Sin mirar

Una sonrisa abierta
soplada a la mañana;
y esos ecos secos vuelan como besos olvidados.

Palabras como almíbar
que pliegan las miradas;
y una sonrisa roja con la firma emborronada.


¿Son estos brillos rotos
el agua de tu sed,
o bebes tus destellos
a escondidas tras el sueño?

¿Qué visten tus reflejos
cuando hablas a trasluz?
¿Te ocultas en la sombra
deslumbrada por el sol?

Pero no importa nada lo que tengas que buscar,

agitándome, dibujándome, respirándome,
sin mirar.

Salada tu templanza,
derrames de vaivén;
te das la media vuelta y respiras sin querer.

Disculpas de apetencia,
y una palabra fiel;
tus dedos dicen cosas desmentidas por tu voz.

¿Son estas las palabras
que ocultas tras la sed,
o bebes tus deseos
a escondidas tras la piel?

¿Qué visten tus reflejos
cuando hablas a trasluz?
¿Te ocultas en la sombra
deslumbrada por el sol?

Pero no importa nada lo que tengas que buscar,

agitándome, dibujándome, respirándome,
sin mirar.

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sábado, 21 de marzo de 2009

viernes, 20 de marzo de 2009

Fucking good


Shopping situation IV

- ¡Ahí tiene, vil impostora!
- ¿No dice ni buenos días? ¿A qué viene arrojarme este canuto de cartón? No me pagan por eso.
- ¡El rollo-reliquia de papel higiénico se me ha acabado!
- Siento que sea su incontinencia la que le ha enseñado que el papel higiénico no es infinito...
- Por cinco euros bien podría serlo, ¿no cree?
- A mi entender, lo infinito cuesta mucho más que eso. Me decepciona usted, tenía firmes esperanzas en su persona...
- Si la esperanza es lo último que se pierde, creo que me encuentro ante una mendiga de la existencia.
- Seguramente sí, “¿qué desea?”
- Cree usted que con esa treta filistea podrá librarse de mí tan fácilmente, ¿eh? Pues no. Tengo principios firmes y estrictos, lo que me autoriza a saltármelos, ¿tiene usted principios que corromper?
- Oh, mi problema no son los principios, sino los finales.
- Vaya, una emprendedora inversa...
- Sí, y puestos a devolvernos regalos, tampoco me ha gustado su CD interactivo.
- ¿Acaso no le ha resultado instructivo?
- Más bien un pleonasmo visual del sexo oral.
- Yo lo llamaría más bien “exhuberancia de generosidad”.
- ¿Ve? Hay un abismo insalvable entre nosotros.
- ¿Nos vamos a divorciar tan pronto?
- Lo bueno, si breve, dos veces bueno.
- Me quedo con lo de bueno. Sabía que en el fondo me amaba usted.
- “Los tiempos que corren están contra nosotros”.
- Dramático, patético...

(...)

- ¿Por qué código deontológico se rige usted? Me vendría bien para mi tesis doctoral.
- ¡Caramba! ¿En qué titulación? No sabía que hacía algo más que vender papel higiénico frustrante.
- Zoología. Estudio la biodiversidad de los roedores urbanos mediterráneos.
- ¿Ve usted el retrete? Ese es mi código deontológico.
- Sólo un poco más elevado del de las ratas de las cloacas. Tomaré nota, me puede venir bien.
- Ya queda poco que decir, agotamos las posibilidades. Eso me gusta, así lo único que nos quedará por hacer será follar.
- Verá, cualquiera se tomaría esto como un acoso laboral en regla; pero usted es tan cándido que cuesta sentirse amenazada.
- Mire, hagamos un trato; le cambio el canuto de la discordia por un pañuelo.
- Le puedo devolver su cleenex, y ya estaremos en paz definitivamente.
- No, quédeselo. Prefiero algo más personal.
- Aquí todo es profesional y comercial.
- Haber empezado por ahí; no soy partidario de pagar, pero el asunto con usted se está convirtiendo en un reto frustrante. ¿Qué tarifas maneja?
- Muy sencillo. Un sencillo reembolso en calidad de largarse de aquí cagando leches a cambio de no pegarle una patada en los huevos.
- Veo que cada vez tenemos más confianza y dejamos de lado los formalismos.
- Qué preclaro...

(...)

- Nuestros personajes nos enclaustran, ¿eh?
- Se ha perdido el encanto.
- Bueno, pues fuera máscaras, tenga esto.
- ¿Un álbum de fotos?
- Va en serio. Vivo ahí al lado, las tomo siempre desde la ventana.
- Soy yo. Todas abriendo la tienda a primera hora.
- La luz varía de día a día. Cuando se acerca la primavera le da el sol en la cara; en invierno, es usted una silueta en la oscuridad. Así la veo yo, así aprecio el brillo de su pelo, el tono de su cara. Verá, no me gusta dar regalos en plan solemne, eso ridiculiza hasta a las estrellas. Pero me he liado con mi propio columpio.
- Ya... no sé qué decir. Son preciosas, pero no me gusta que me espíen, eso debe de entenderlo. Y hay un cierto regustillo a lo Smoke en todo este asunto.
- Me da igual. Paul Auster es al menos una elección elegante para plagiar. Los negativos están detrás. Perdone toda la sarta de borderías de estos días. Me divierto, a veces, de una forma un poco sádica. No sé hacerlo de otra forma. Me gustó usted, pero me sabía mal hacer esto en secreto y de una u otra forma se lo quería dar. La cosa se ha liado.
- Son buenas fotos, ¿cómo es que se desprende de ellas?
- Verá, cuando las hago, ya no importa nada más. Es la capacidad la que me satisface, la capacidad de hacerlas.
- Creo que le debo ese café, al menos.
- Cuando se enseñan todas las cartas ya no hay juego.
- No, se lo digo de verdad.
- Y yo. No soy así, las borderías se dicen precisamente porque no funcionan. Nunca hubo la intención. Era un juego.
- Vaya, un motivo artístico más...
- Qué va, ¿y eso qué es? Basura de la tradición criticista...
- Y el álbum tiene una girafa en la portada, vaya...
- Todo está enlazado en esta vida.
- Pues creo que ahora se intenta hacer el interesante.
- Eso se aclarará con el sencillo transcurso del tiempo. Es usted muy incisiva. Me ha gustado jugar con usted.
- Gracias, supongo.
- Y en cuanto a su pregunta indiscreta, se la responderé. Lo único que deseo, de verdad, es la saciedad completa. ¿Venden ustedes de eso?
- ...
- Pues lo dicho.
- ¿Esto es un adiós?
- Los adioses son una forma sutil de promesa. Siempre digo “hasta luego”.
- Pues hasta luego...



(...)

Handy


He solucionado los problemas de mi guitarra. Está quintada a la perfección, y los problemas de afinación han desaparecido. Las guitarras normales no me valen: tengo las manos demasiado grandes y mis pulsaciones son más duras de soportar que las de cualquier otro. ¿Por qué? El momento es igual a la masa por la velocidad; un ataque de mi mano derecha, sin violencia, suavemente, contiene más energía que los de la mayoría de las manos. Una simple cuestión de masa. A las guitarras eléctricas normales, sin un clavijero con bloqueo, se les van los tonos por los cerros de Úbeda antes de acabar un solo tema, cuando se trata de mí. Tengo que usar juegos de cuerdas del 0.10 por el mismo motivo. Recuerdo la última vez que usé un 0.08: era la Les Paul de Juano, hace años. Parecía de juguete. Qué fácil, qué vulnerable la sentía. No costaba nada doblar esas cuerdas. Sin embargo, me gusta que la yema de los dedos duela un poco, por empatizar con el instrumento. Para que no sea artificial. Manías, supongo. El caso es que después de quintarla y de ajustar bien los clavijeros con sus bloqueos, todo era más fácil, todo sonaba mejor, la probé hasta la saciedad, le hice las mayores putadas y, cuando volvía a poner un Sol abierto, ahí estaba, cristalina, perfecta, vibrando en mis tripas. Y tras cuatro horas de ensayo seguía perfectamente calibrada. Eso da satisfacción. Tanta que por fin consideré ese momento como el adecuado para empezar a arreglar los coros. Para ser el primer ensayo haciéndolos no está mal. No se me ha olvidado. Pero se puede hacer muchísimo mejor.

Estoy harto de naranjas.

Cuando el remolino es infinito, detente;
que el vértigo de un reloj parado
enseña más que mil empujones de inercia.

Y de repente, es la vida la que orbita
tu mirada atenta y serena.

Un centro, un sol de helio, un corazón de luz.

No escuches a los partidarios del casco;
para ellos la lucidez es como un Austin
y la miran desde lejos como si fuera de diamantes.

Los cascos del estrépito veloz
no saben del desmayo detenido
de los que yacen sin airbag
frente al vacío de los sentidos soberanos...

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miércoles, 18 de marzo de 2009

Papá, papito

Nuestro venerado Papa Benedicto XVI ha hecho unas declaraciones alucinantes: según él, “el uso del preservativo no es un buen método para combatir el SIDA”. El pontífice, infalible según la majadería católica, ha hablado así al iniciar su gira por África, donde 11 millones de personas están infectadas por el virus. Qué responsable. No ha dicho nada de la libre distribución de los fármacos antivirales entre la población infectada que no puede permitirse el alto precio del tratamiento que imponen las multinacionales. Más bien se ha referido a un “cambio moral en la forma de vida”, lo que se traduce en no follar. Ese es el mensaje que resume todos los esfuerzos de esta secta oscurantista a lo largo de 2000 años.

Ese triste empeño de la Iglesia en evitar que la gente folle mucho y bien no tiene ninguna justificación, salvo el horror vacuis que para una organización eminente, tradicional y patológicamente homosexual (en el sentido de que dicha tendencia natural no se asume y, por ende, queda enquistada en una neurosis llena de elementos frustrantes, obsesivos y paranoicos) la exuberancia de los cuerpos produce. Que yo sepa, no ha habido ninguna crisis provocada porque la gente folle en su casa, ni se han producido guerras devastadoras porque alguien haya echado un buen polvo cerca del cubículo del rey. No tiene ninguna justificación práctica la persecución del libre y privado disfrute de cada uno. Por añadidura, la total intolerancia de la Iglesia con la homosexualidad evidentemente es, como decía Oscar Wilde en la Introducción de El Retrato de Dorian Gray, “la rabia de Cabilán al verse en el espejo”. Nada jode más a un frustrado resentido y acomplejado que el espectáculo de la ajena superación de todos esos traumas. Que una organización que atenta contra la naturaleza humana de esa manera tan irracional haya tenido tanto éxito a lo largo de los siglos es algo que confirma el masoquismo del ciudadano medio. ¿Culpables? Citaré a algunos, más como ejemplo que otra cosa.

  1. Nerón. Tradicionalmente considerado cruel y sanguinario (históricamente su gobierno fue de los más prósperos en cuanto a economía e infraestructuras), creo que su papel debería revisarse; pues, no habiendo tenido que sufrir los envites de ningún partido de la oposición, ni campañas por parte de periódicos como El Mundo o el ABC, ni quejas de sindicatos como CC.OO. o UGT, ni que responder a códices tales como la Declaración de los Derechos Humanos, y siendo además la sangre a borbotones del gusto general del populus, es incomprensible que, teniendo el poder absoluto, tuviera tamaña torpeza de no haberse cargado a todos los cristianos del Imperio para siempre. Queda disculpado por su última frase, pronunciada mientras los conspiradores lo taladraban con sus dagas: cuam artifex pereo (“qué gran artista muere conmigo”).

  2. La frivolidad de la plebe. Sí, señores, porque los mismos que hoy contemplan con satisfacción sádica todos los programas televisivos donde se difama, insulta y lincha a toda persona con talento, eran los que antaño pelaban pipas mientras los leones comían cristianos y los que, siglos más tarde, no dudaban en señalar con el dedo a todo ser que despuntara para disfrutar con su barbacóica condenación pública en el nombre del Señor. Que la plebe es sadomasoquista y, si follar está prohibido, su práctica adquiere entonces una dimensión cósmica. O sea, un salvoconducto para que también disfruten los que no saben follar por una suerte de metasexualidad (como la metatextualidad sirve a los que no saben escribir, o simplemente no tienen nada que decir por sí mismos).

  3. Los anticlericales de fe. Tienen a los santos y al clero tanto o más en boca que las viejas del Opus, y diríase que sin la existencia de la Iglesia no sabrían de qué hablar, contra qué pensar o cómo provocar horror. Soliviantan así una tendencia a la coprofagia exhibicionista mediante un encauzamiento semi-politicoide que les enerva de una manera más presentable ante el público a quien epatar. Son el contrapuesto que da el equilibrio perfecto a la Fe cristiana, vista como fenómeno aristotélico de oposición de contrarios (como ejemplo, en Fausto de Göethe, Dios se relaciona con cordial armonía con su contrario, Mefistófenes, puesto que la existencia del uno depende de la del otro).

Pues bien, ese accidente extravagante que tenemos en la figura del Papa prefiere que la gente muera de SIDA a que echen un buen polvo (fenómeno sin significación alguna para el buen funcionamiento de la sociedad), desde la opulencia del Vaticano (tanto en lo material como en lo carnal, que los prostíbulos de Roma bien saben de sus cardenalicias andanzas). Que mueran millones de personas para satisfacer su paranoia de poluciones nocturnas le parece un justo precio. ¿Ahora los curas pederastas violarán a los niños sin usar preservativo, siguiendo el voto de obediencia? ¿Los sacerdotes seducirán a las adolescentes sin miramientos hacia posibles contagios o embarazos?

Desde el Renacimiento, con el nacimiento del Humanismo, hasta hoy, todo progreso ha sucedido a pesar (y muy a su pesar) de la Santa Iglesia Católica. No sorprende para nada que nieguen la eficacia de la protección con barreras contra las ETS (al fin y al cabo costó varios muertos que aceptaran las teorías heliocentristas, la evolución de las especies, etc.). Llegado es el momento de la completa emancipación del hombre, que si Dios murió hace ya cien años, bueno sería que el Papa dimitiera de su cargo de una puñetera vez.

Y que un buen mandingo infectado le abriera el intestino mediante una endofalia sin preservativo, a ver si ese método es eficaz contra la propagación del virus en su infalible cuerpo.

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martes, 17 de marzo de 2009

El ese "eso"


Tornasol se despertó con el agradable calor de un cuerpo pegado a su pecho. Al principio, atrapado aún por el sueño, todo parecía natural, pero conforme la conciencia fue despertando se fue dando cuenta de que esa habitación no era su habitación. Aún así, con la mente confusa por la resaca y sus formas de castigo (dolor de cabeza, malestar general, el estómago revuelto y los vapores espirituosos aún humeando en su aliento), tardó tiempo en reaccionar y se dio la vuelta. La pared y la ventana que se le presentaban a su lado no eran familiares. Como era su costumbre en momentos de confusión semejantes, empezó a revisar mentalmente las imágenes de todas las habitaciones de sus amigos para situarse, pero nada encajaba. Ni los posters ni los muebles ni las cortinas. Entonces, con un sobresalto, se volvió a dar la vuelta. Ahí estaba, una espalda de mujer que dormía placidamente junto a él; ¿quién era esa tía?

La chica, en ese momento, se dio también la vuelta y pudo verle la cara. Estaba medio dormida, pero ya tenía los ojos abiertos. Tornasol hizo lo que creyó correcto dadas las circunstancias.

- Hola- le dijo en un tono un poco burlón, para relajar la situación- ¿cómo te llamas?
- ¿No te acuerdas de nada?- dijo ella.
- Para nada. Mi último recuerdo es en la Farándula.
- Ja, ja...

En fin, ¿qué había sucedido? y, sobre todo, ¿cómo preguntarlo? “Vaya manera de conocer a alguien”, pensó.

- ¿Cómo he llegado hasta aquí?- le dijo mientras la escudriñaba: era muy guapa y estaba buenísima. “Mira al tonto cómo no se pega a una normal, no”, se dijo para sí mismo.
- Te pusiste a hablar conmigo en la Farándula y estabas tan ciego que me pediste dormir aquí porque no podías llegar a casa.
- Ah- contestó; “¡Já!”, pensó- pues... encantado de conocerte.
- ¿Esto te pasa a menudo?
- No, es la primera vez; y se vive como una especie de broma que te hubieran gastado.
- Pues te la has gastado tú solito.
- Ya veo, supongo, creo...

¿Se la habría tirado? ¿Había pasado algo? Era difícil de preguntar algo así a una completa desconocida que duerme junto a ti en una cama individual, pero al final, como ya la cosa iba en plan honestidad, se lo soltó directamente.

- ¿Nos hemos enrollado?

La chica guardó silencio. La información valiosa tiene un precio y a todo el mundo le gusta recrearse en la riqueza.

- No- le dijo al final- cuando volví del baño estabas completamente sopa.
- Ah...

Sucedió uno de esos silencios incómodos en los que no se sabe a ciencia cierta qué hacer o decir.

- Supongo que querrás un café- dijo finalmente.
- Pues sería magnífico.

La chica se incorporó. Estaba en pijama. Ya sentada, de pronto, lo miró y se le acercó. Tornasol no entendía muy bien lo que pasaba. Entonces ella lo besó en la boca y empezaron a enrollarse. A Tornasol le volvió a circular sangre caliente por el cuerpo y, justo cuando se empezaba a emocionar y le estaba empezando a arrancar la ropa, ella lo paró en seco.

- Hey, no tan deprisa, yo no soy tan moderna.
- Oh, discúlpame.
- Ayer me decías que “sólo querías dormir”.
- Bueno, y eso hice- dijo mientras se partía de risa por dentro y se decía “... por los cojones”.
- No te acuerdas de nada de nada, ¿no?
- Lo siento, pero no.
- ¿Nada de todo lo que me contaste ni de lo que hablamos?
- ¿Hablé mucho?
- Hasta por los codos, pero me gustó.
- Pues no me acuerdo, es como si me lo hubiera perdido para siempre.
- ¿Te coges esos ciegos muy a menudo?
- Siempre que puedo- empezaba con su vieja táctica de dar la peor imagen posible, mezclada con una especie de falso disimulo para parecer que le vendía la moto de sí mismo torpemente.
- Vas a durar poco así...

La chica sentía cierta desilusión. Algo debió haber sucedido que quedaba totalmente deslucido por la amnesia temporal de Tornasol. Se levantaron y desayunaron. Las compañeras de piso pululaban por la cocina, entraban y salían, y siempre le dedicaban una tímida y fugaz mirada de escudriño. Tornasol hablaba y hablaba sobre su trabajo (para aburrirla) y sobre su ocio (para asustarla) a partes iguales. Y esperaba que de la mezcla resultara la imagen de un mentiroso. Cuando terminaron se fueron al dormitorio para que Tornasol recogiera sus cosas. Una vez allí, se volvieron a besar, se volvió a calentar la cosa y ella volvió a detenerla justo en el momento crucial. Tornasol recogió sus cosas y salió a la calle. La dejó con una expresión triste.

Tornasol cayó entonces en la cuenta de que eran las siete de la tarde y la Plaza de San Pedro empezaba a llenarse de nuevo de bebedores. Se acercó y se encontró con algunos de sus colegas, listos ya con la cerveza.

“¿Qué le conté para dejarla así?” se preguntaba. Había un gran desconocido por ahí dentro que sólo daba la cara cuando se derrumbaba la conciencia, ¿quién sería? Esa chica desconocida había logrado mirarle con el conocimiento de causa que sólo sus amigos más próximos o sus familiares tenían; esa tristeza por algo indefinido que se echaba a perder.

Con el primer litro ya estaba listo de nuevo para seguir jugando con fuego.

Porque lo que nadie sabía es lo que se siente con ese eso que se supone que se tiene. Ese eso que te hace nacer ya listo para la muerte y te dota de una sensibilidad a la que sólo la llama impresiona.

...
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Shopping situation III



- Vaya, sí que es usted regular.
- Al menos ha cambiado la coletilla. Ya ve, puedo complacerla a diario con total puntualidad.
- Sí, sin duda, cuando se marcha.
- Qué modesta es usted. Nunca me marcho atrás. Mi descendencia la considero un problema de la humanidad, no mío.
- Vaya, un hombre que no teme tener hijos. Qué ilusión...
- Bueno, pues, además, verá que soy un hombre de palabra. Tenga.
- ¿Qué es este paquete?
- Ábralo, por favor, cualquiera de los dos.
- Bueno, no soy tan avariciosa, prefiero este. El contenido del otro no será ninguna sorpresa.
- Bueno, la vida es tan imprevisible...
- Me encanta el envoltorio. Azul turquesa, ¿estudia para príncipe?
- Estoy haciendo un master en cuernos regios con la duquesa de Alba, sí; ábralo, por favor.
- Vaya, esto es una rebanada de pan de molde.
- Y si mira debajo encontrará, además, un CD interactivo.
- Todo un desayuno, sí, pero usted me prometió una barra de pan.
- Bueno, su necesidad de cosas largas bien puede satisfacerla el contenido del otro paquete.
- Dejemos al misterio ser misterio.
- Y que las tinieblas vistan a los secretos.
- ¿Le pone la oscuridad? Qué recatado...
- Sólo para desnudarla con la luz después. Soy así de pervertido.
- ¿Y el CD? ¿Qué contiene?
- Es una sorpresa.
- ¿Música?
- No, la música para follar la reservo para un momento más especial. Son recetas de cocina.
- ¿Cree que necesito orientación culinaria?
- Depende del concepto que tenga de comer tubérculos.
- Ya. Creo que mejor lo veo sola en casa.
- Idílica imagen... por cierto, ¿tienen ustedes desatascadores?
- ¿Problemas con el saneamiento?
- No, necesito que me succionen el exceso de vitalidad.
- Me temo que no tenemos; es una tienda de moda y complementos.
- Lástima, aunque he de decirle que sólo me interesan los desatascadores estampados con girafas.
- No me cabe la menor duda.
- Bueno, otra vez será, no se aflija.
- “¿Desea algo más?”
- ¡Oh, me largo! ¡Qué insolente!
(...)

viernes, 13 de marzo de 2009

Shopping situation II


- ¡Hola de nuevo!
- Vaya, qué sorpresa más agradable... “¿qué desea?”
- La preguntita-tipo, no esperaba menos de usted... Verá, quiero comprar un plumero. Vienen a mi casa de visita unos misioneros y quiero darles muestras de mi opulenta gentileza.
- ¿Quiere que se lo pruebe también?
- Oh, me encantaría que me sujetara la mano mientras finjo limpiar esa estantería de ahí al fondo, donde están los paraguas falomórficos.
- Creo que su mamá no le mimó bastante.
- Oh, no sea sarcástica, aparte de las sesiones de electroshock, tuve una infancia muy feliz; sin embargo, ahora ni me miman ni me maman.
- Es desgarrador...
- Oh, no me haga ruborizar, no me gusta recrearme en mis habilidades más notables...
- No tenemos plumeros, lo siento.

(...)

- Debo confesarle que con clientes como usted la mañana se me pasa rápido.
- Bueno, espero que eso no sea aplicable a todo; súbame la muñeca un poco más, por favor.
- ¿Así está bien?
- Oh, yeah, mire en el espejo; mi brazo en alto, el otro sobre la cintura, y usted sujetando mi muñeca con ambas manos, los brazos estirados, el pecho hacia adelante. Es una experiencia mística, a pesar de sustituir el plumero por un paraguas...
- Lástima que no tengamos una cámara.
- Bien, creo que por hoy está bien. A no ser que tenga un paraguas de estos con jirafas estampadas...
- Me temo que no, pero no se lamente; ahí al lado hay una tienda de juguetes donde podría conseguirle todas las jirafas que desee.
- No se emocione, no soy su tipo: sufro hipersensibilidad.
- No sabía que eso le pasara a los espíritus-albañiles.
- Ah, parole, parole... No se deje engañar por mi aspecto; detrás de mi enorme pene hay también un corazoncito. No insista, no me gusta que me pretendan sólo por mi cuerpo.
- Oh, lo siento, señor Gran Pene, no pretendía herir su sensibilidad.
- Creo que no me llevaré este paraguas.

(...)

- Me ha sorprendido usted. No esperaba que se llevara el rollo de papel higiénico del baño.
- No me haga la pelota, ¿cuánto es?
- Cinco euros.
- Ya, una reliquia, ¿no?
- Es por los servicios prestados.
- Bueno, todo sea por el arte.
- Gracias. Cinco y cinco diez.
- Perdone que no le deje propina. Los jesuitas me han concienciado del valor del pan.
- Más vale tarde que nunca.
- ¿Me permitiría regalarle una barra de pan un día de estos?
- Vaya, desde luego nunca me habían regalado eso.
- Eh, pan sólo. Es una promesa que le hice a la Virgen de Lourdes.
- Intuía yo que era usted un ser bíblico.
- Oh, sí; he de confesarle que lo de Sodoma y Gomorra fue uno de mis mayores éxitos.
- “¿Desea usted algo más?”
- Deje de tentarme. Sólo porque le he propuesto echar un polvo supone usted que me impresiona con su iniciativa. Déjeme en paz.
- Qué osadía la mía.
- Adiós, le traeré pan. Pero cuidado, que le ofrezca una mano no significa que tenga que tomarse la polla.
- Oh, estaré atenta, disculpe.
- Adiós.

(...)



jueves, 12 de marzo de 2009

Shopping situation

- Hola.
- Hola.
- ¿Qué desea?
- Que no me haga más esa pregunta.
- ¿...?
- Bueno, es una pregunta estúpida.
- Y, ¿qué le debo preguntar entonces?
- Hum, déjeme pensarlo.

(...)

- ¿Y, mientras tanto?
- Podría dejarme en paz para que mire la tienda tranquilamente.
- Bueno, verá, es que yo también me considero una persona particular y me gusta observar, preguntar, aprender de mi trabajo.
- Una tendera vocacional, ¿eh?
- Por eso me pagan.
- Vaya, los dos somos putas, algo en común. Perdone que no le pida que se case conmigo, es que tengo la cabeza en otras cosas.
- No me pagan por eso, pero sí por interesarme por la clientela.
- La tendera-psiquiatra que nunca culmina, una innovadora fórmula, ¿no?
- Ante esto sólo vale un distante “¿Qué desea?”
- ¡Qué impertinente! ¿Y usted, qué desea usted?
- No quiere saberlo...
- Bueno, lo que yo deseo va más allá de toda esta mierda; no le voy a contar todos los avatares de mi lamentable situación engorrosa. Si quiere reducir mis deseos a unos calcetines, no se lo concederé.
- Calcetines, gracias. Aquí tenemos un amplio surtido de calcetines.
- Es usted, si me permite la franqueza, una astuta zorra; ¿los tiene con girafas? Son para un amigo ecologista amante de los cilindros largos, pero no se le puede decir directamente: se aturde.
- Me aburre usted.
- Ya somos dos; podríamos hacerlo directamente en el probador.
- Alcanza usted cimas insospechadas.
- Bueno, todo es una cuestión de calzar bien algo. Podríamos empezar por probarme esos calcetines que tiene usted; los de Marley.
- ¿Fan del reagge?
- No, de los incautos muertos, ¿me haría el favor?
- ¿Se ha lavado los pies?
- Contaba con que tuviera usted un buen lavabo, como buena tendera prostitucional.
- Es que acertó usted, nunca culmino.
- Lamento su problema de anorgasmia.

(...)

- ¿Sabe? creo que no puedo dar este paso.
- Entiendo. Poner calcetines a alguien es algo muy personal.
- Sí.
- Pero yo hoy me he levantado así, poco cooperador y tremendamente inseguro. Si no me los prueba usted, me temo que nuestro romance llegará a su final.
- Cuánto lo lamento. Es usted entrañable como un dolor de regla.
- ¿Me probaría usted un guante, en compensación?
- “Aquí tenemos el último lote”.
- Este de lentejuelas me gusta.
- ¿Para cantar copla?
- No, al masturbarme me retrotrae a la felicidad discotequera.
- Acerque la mano, por favor.
- Lo encaja usted muy bien.
- ¿Ha visto?
- Me queda como un guante.
- Qué perspicaz...
- Bien, es perfecto.
- ¿Se lo envuelvo?
- No, no me lo voy a llevar.

(...)

- Me encanta que me haya ayudado a ponerme estos pantys.
- Oh, no me lo agradezca. Me ha hecho sentir realizada.
- Bien, ahora me debo marchar.
- Que pase usted un buen día.
- Supongo que no querrá tomar un café una tarde de estas.
- Oh, vamos, un café, después de todo lo que hemos compartido, es una frivolidad.
- Me lo temía. Ya que hemos llegado a encajarnos cosas en los miembros...
- Sí, y su necesidad de ayuda no augura buenas conexiones.
- Es lo malo de ser un exquisito.
- Bueno, pues adiós, fue muy “matutino”.
- Deberían incluir más jirafas en sus artículos.
- Se lo haré saber al mandamás.
- Dios es el mandamás.
- “El cliente siempre tiene la razón”.
- Adiós.
- Adiós.

(...)

- Realmente, ¿desea usted de verdad que me vaya?
- A preguntas tontas, oídos necios.
- Refranero. Intolerable. Me voy. Le dejo un cleenex de recuerdo.
- Blanco. Es usted un clásico.
- ¿Ha visto?
- Le seré franca. No me gusta.
- Usted a mí tampoco. Así que podemos follar sin preocupación.
- Oh, vamos, hemos llegado mucho más lejos cuando le probé los pantys. Bonitos calzoncillos de jirafas...
- Bueno, ya me voy.
- Adiós.
- Adios.

(...)

martes, 10 de marzo de 2009

The killing business


Cómo me ponen los libertadores de los pueblos; esos valientes, esos hombres hechos y derechos. Me levanto y veo la noticia: un policía muerto a tiros en el Ulster a apenas un día de la bomba con que el IRA auténtico ha vuelto a cubrirse de gloria. Ciertamente, la autenticidad de los terroristas pasa por el bautismo de fuego. No puedo evitar preguntarme si les ha venido la inspiración a través de un artista total de la destrucción como es De Juana, que está haciendo un master de antropología terrorista por allí, o ha sido fruto de un momento de lucidez de alguno de sus cabestros irlandeses. Es inevitable la iniciativa artística espontánea cuando se tienen los instrumentos al alcance de la mano. Tras once años sin muertos a algunos les debían de picar las manos por tenerlas durante tanto tiempo limpias de sangre, secas, allá en Irlanda. Debe ser mejor vivir en la gloria de la heroica clandestinidad, a costa de la extorsión, que currarse unas oposiciones, tal y como está la cosa con la crisis. Debe ser que algunos dirigentes del IRA tienen problemas para pagar la hipoteca y es mejor volver a los viejos hábitos, sin tener que madrugar, dinero contante y sonante y fácil, etc.

Porque, hombre, seguro que todos ellos son doctores o ingenieros o abogados competentes, ya que hay que tener una psique muy elevada y un pensamiento profundo y complejo para descerrajarle un tiro en la cabeza, por la espalda, a un trabajador que sí que ha pasado la criba para tener su puesto de trabajo. Será que su conducta responde a un pensamiento intelectual de tal calado que se confunde con la brutalidad simia más detestable. Pero es que nosotros, los que no vivimos en el País Vasco o en Irlanda del Norte o en Palestina, no entendemos que su realidad les legitima para matar cargos políticos elegidos democráticamente de otros partidos (“es que allí las cosas son distintas”), o cargarse once años de paz mediante muertes totalmente gratuitas (“es que allí las cosas son distintas”), o apoyar a grupos islamistas (como Hamás) que ya han excluido (desde enero de este año) al 50% de su ciudadanía de la vida pública, dejándolos (o, mejor dicho, dejándolas) en una situación de indefensión en la que un sencillo rumor las puede llevar a la palestra de las piedras, porque estas personas viven en un mundo donde los derechos humanos no son de aplicación, y tienen legitimidad para usar su población como moneda de cambio, una vez debidamente asesinada por Israel. Son especiales. Y punto. Hay que aceptarlo porque sí.

Desde aquí, con toda mi sinceridad, hago un llamamiento a todos los patriotas, sean de donde sean, que están dispuestos a la obediencia ciega del sicario, ya sea militar (por ejemplo, Israel) o clandestina (entiéndase Hamas, IRA, ETA y demás grupos que abundan por el mundo, a cual más extravagante, grotesco y sanguinario), para que reciban mi más sincero deseo de que les den muchísimo por culo a cada uno de ellos, para así tener sitio donde meterse luego toda su mugre tradicionalista, folclórica, asesina, rancia, apestosa, armamentística, mafiosa y reaccionaria.

Atentamente,
Duckieboy

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lunes, 9 de marzo de 2009

Latido-Luna



La luna de los lunáticos, cómo lucía ayer sin estar llena...

La luna, reclamada por muchos como un vestigio de la adoración a deidades femeninas, cuando cazábamos y recolectábamos. La llegada de los dioses-soles, masculinos, protectores de la propiedad privada y de sus señores, los dioses-sol de la agricultura; la llegada del neolítico y sus versiones más o menos maquilladas hasta hoy. Prefiero mil veces la magia de la noche y el misterio femenino de esa diosa que luce en blanco y es hermana de las estrellas, y no una de ellas. Mi religiosidad es pagana por completo.

Si la luna se llamara Selene, como para los griegos, hummm.... una Selene de piel blanca y divina que bajara a la tierra a echar una cana al aire (y algo más, como le sucedió con el mortal Endimión), pfua, así yo también me convertiría, sin dudarlo. No es lo mismo adorar a un viejo de mierda que te condena a currar y que no quiere que folles, a adorar a una belleza celestial que encima baja de vez en cuando a la tierra para darte un buen repaso. Fuera chorradas, como católico-pagano-ateo busco a Afrodita, lo que simboliza, en la sensualidad de las mujeres. En una sola, rebosante de ella.

La luna estabiliza el movimiento de rotación de la tierra, regula las mareas, los ciclos biológicos, hace que los días sean perfectamente periódicos, estabiliza la posición del norte tanto magnético como geográfico. Es un elemento estabilizador. Se le debe la vida en tanto que regula la recepción, en nuestro planeta, de toda esa energía brutal lanzada desde el sol.

Sí, el sol está insoportable tras la ventana, el aire se calienta, hace primavera y soy un animal afectado por ella, como los insectos, los pájaros, los perros...


Guíñame tu boca, párpado de voz,
entre tus gemidos sordos.

Que la mía sabe ver el sabor,
y el aliento se lee en los labios
que se pliegan entre guiños.

Guiños de calor...

Cuando tus labios sólo laten,
henchidos al aire,
como un eco del sabor
que fluye de aliento a aliento...

Cuando te tengo anclada,
y te haces dos anillos,
dos guiños de labios,
dos bocas-con-bocas...

¡Qué urgencia,
cuando cesa el aire de tu risa
y fiel desnudas tu piel a toda prisa!

El instante es entonces un latido
en la punta de tu boca;
uno sólo,
y maravillosamente lento...


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La corrupción de Dylan



- ... pero de Bob Dylan, lo que nadie parece comprender, es que le encanta joder las expectativas que sobre él se pueda crear cualquiera; tiene vocación de mosca cojonera. Cuando lo adoraban hasta cimas insospechadas, se volvió eléctrico; y dio toda aquella gira llena de abucheos por Inglaterra como si le sudara la polla. Que tocara para el Papa, dentro de su especial “visión” del espectáculo, era una consecuencia bastante previsible (previo pago de 100 millones de dólares, eh) justo cuando toda nuestra “degeneración” X reivindicaba de nuevo su legado y el simbolismo de su figura, el rebelde, el guía espiritual de los 60, etc.

Mammonio se quedó callado. Yo también. ¿Por qué hablo? En realidad me da igual lo que le pase a Dylan; ya grabó lo que tenía que grabar. Cómo coma, duerma, cague o piense me importa un carajo. Mammonio se puso a cantar imitándolo cómicamente, pero duró poco. Sé lo que le pasa: no puede admitirlo sin más. Que Dylan tocara ante el Papa no le vale ni como provocación. Es un puritano; de esos que, cuando se les pulsa un tabú, ya no pueden pensar por si mismos sino a través de las reacciones-slogan que tienen memorizadas del manual del usuario del alternative-way-of-life.

Si os soy sincero a todos, a veces me invade una especie de agotamiento intenso producto del esfuerzo prolongado de tener que ver desfilar ante mis ojos actitudes-maniquí de gente que no se toma en serio el aire que respiran. Hasta pensar es objeto de moda. Estoy hasta los huevos.

Me quedé callado. Luego me fui sin más a casa: cenar con mi niña es siempre la mejor opción. Bueno, todo lo que ella toca lo es, en realidad, pero hay que abrirse al mundo y evitar la tentación de encerrarse en una burbuja. Elegir la burbuja cuando te has demostrado a ti mismo que tienes un sitio entre los simios, sin sufrir por ello, es mejor que hacerlo porque no tengas más remedio. Por el momento la asignatura pendiente pende, pende y pende agitándose como un cascabel que no te deja dormir la siesta tan deseada.

Le había confesado esa misma tarde a una amiga (creí percibir que quizás le intrigaba lo difícil que resulta tener una conversación conmigo) que antes, cuando bebía, lo hacía para ser más sociable y simpático, y efectivamente lo era- hasta convertirme en un demonio de Tasmania. Tras dejarlo, descubrí que el problema era que ni soy sociable ni simpático, al menos de esa manera efusiva y grandilocuente que veo por doquier. Así que abracé mis silencios y mi distancia y mi aparente frialdad e incluso suficiencia. Eso le dije; como explicación o excusa indirecta; que necesitaba recuperar mi propia personalidad, de la que renegué hasta inventarme mi identidad, falsa, estereotípica, caricaturesca.

Como contrapartida, el que habla poco o apenas se relaciona con los demás suele ser objeto de todo tipo de suspicacias. O eres tonto, o un antipático, u ocultas algo, o vas de superior por la vida, o eres un engreído, o un gilipollas, sin más. Le dije que ese era ahora el desafío que tenía por delante. Enfrentarme a ello sin renegar de mí. Se suele creer que es fácil porque piensan que vives en las alturas de un púlpito (una de esas premisas que nunca se cuestionan y que, sin embargo, configuran la fisiología de una mente imbécil), pero es duro que te cagas, pues se trata de un desajuste, de una carencia, de vivir siempre inmerso en lo profundo de tu propia mente (y no en lo alto) sin apenas tener fuerzas para asomarte a ese mundo que se presenta amarillo como una película en technicolor. Le dije lo mismo a Mammonio cuando llegué a su casa más tarde. Para abrirme a la gente, la mayor parte de las veces, tengo que dejar de ser yo mismo. Así que vivan los silencios. Me los receto yo mismo. Que se joda quien le moleste. Por lo que a mí respecta, la época de autonegación ha pasado para siempre.

Sin embargo, ayer no me costó ningún trabajo, ni con Sam, ni con su señora, ni con Mammonio. Hablaba como si me hubieran dado cuerda. Ay, pillín... Lo difícil no es hablar de uno mismo (es de esos esfuerzos que simplemente se hacen por el placer que se obtiene de ellos, como en la masturbación); lo difícil es lograr que te interese lo que los demás cuentan.

Pero escuché, presté atención, logré pasar por unas horas un rato sin escuchar a ese otro mensaje que, como dijo Dylan, vuela con el viento y no me deja prestar atención a ninguna otra cosa...

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P.D.: de verdad, queridos visitantes, controlad vuestros impulsos por comentar, de verdad, que no importa, hacedlo de uno en uno que me saturais el sitio y...

sábado, 7 de marzo de 2009

Good morning rock 'n roll...

Hoy me he levantado así. ¡Vivan las guitarras rasgadas y distorsionadas!




¿Alguien no ve similitudes? Pues ahí va "otra":




Y, como no...


miércoles, 4 de marzo de 2009

Receta para perfilar un lóbulo


Vaya amaneceres que me pego. Quizás esa sea la única ventaja de mi trabajo (aparte del salario): veo salir el sol por una llanura llena de restos de niebla, viento de rivera y filtros verdes, rojos y naranjas. El aire limpio acerca las cosas, todo brilla, todo resplandece.

Era inevitable. Estoy monotemático y ahí va de nuevo. Este poema se titula como esta entrada, pero se admiten sugerencias. ¿Cómo se explica la sensualidad? Y me refiero a la que subyace a un mechón de pelo cayendo bajo la oreja en el principio del cuello; a la de una pierna desnuda y plegada en la distracción lectora de una tarde veraniega; a la del perfil de un pecho desnudo mientras ella se recoge el pelo distraídamente, la de sus secretos curvados e intrigantes. La puta sensualidad indescriptible e incapturable. Ea.

¿De dónde procede el vértigo,
ese que se revuelve como un abismo
comprimido en las entrañas?

La línea divisoria, el límite...

Tu pelo dibuja un lóbulo en el cuello,
tus rodillas se pliegan con la inminencia
sofocada del péndulo al mecerse;

el aire es tu aliento hecho de luz,
cuando abres las comisuras con las piernas
que asienten a la unión en cruz.

- Y el hálito de tu cuerpo,
encendido como la atmósfera del mundo,
se instala como nueva sangre
en mi mirada turbia;

el brillo de un pecho
que llama al borboteo de las luces;

el vientre terso como lecho
de la danza de la muerte desangrada
como una página en blanco.

La línea divisoria, el límite preciso que te escapa...

De ahí procede,
del vértigo,
estrecho como un llanto,
tensado entre un principio y un adiós;

de ahí procede,
del vértigo,

... este manto que te tejo cantando miradas
sin distancia;

este manto que te cubre y te desnuda
hasta la voz...

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martes, 3 de marzo de 2009

Verde



Vaya verde intenso bajo el gris del cielo, y ello a pesar de mi mierda de cámara de móvil con microobjetivo de plástico. Hoy voy a jugar. Paso. Dentista a las cuatro, luego ensayo intensivo hasta las 12. El jefe desayuna y no tengo tiempo de hacer nada medianamente currado. Decía que microobjetivo de plástico. Pues eso.

Plástico, plástico, plástico.

Me late el corazón de plástico y tus ojitos de goma suben y bajan chocando contra el suelo y contra el techo.

Verde denso, verde profundo, verde oscuro y reflectante.

Ocho palabras, siete adjetivos y una conjunción,
Yes. ¿Qué me dices? Yes.

El tiempo vuela y aprieta contra el muro del futuro.

El futuro es una vieja que camina despacio.

No la adelantes salvo con el fuego,
no podrás.

Un pulmón de nube iracundo en la angostura,
pálpitos de volcán.

Una luz de vientre,
luciérnaga, por la corriente de la espina
cuando te deslizas...

Mirar al cielo para evitar que se me incruste en la cabeza
algún planeta antes de seguir caminando sobre el mismo sitio...

Espigas. Grano. Biblia. Tierra. Historia.

David mató a Goliath a pedradas, y es considerado el paradigma de la sutileza frente a la barbarie. Tiene cojones.

Me había tentado, pero no. No quiero formar parte de ese mundo.

¡Ermitaños subidos a la roca
por su salud y limpieza mental!

¡Presente!

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