viernes, 13 de marzo de 2009

Shopping situation II


- ¡Hola de nuevo!
- Vaya, qué sorpresa más agradable... “¿qué desea?”
- La preguntita-tipo, no esperaba menos de usted... Verá, quiero comprar un plumero. Vienen a mi casa de visita unos misioneros y quiero darles muestras de mi opulenta gentileza.
- ¿Quiere que se lo pruebe también?
- Oh, me encantaría que me sujetara la mano mientras finjo limpiar esa estantería de ahí al fondo, donde están los paraguas falomórficos.
- Creo que su mamá no le mimó bastante.
- Oh, no sea sarcástica, aparte de las sesiones de electroshock, tuve una infancia muy feliz; sin embargo, ahora ni me miman ni me maman.
- Es desgarrador...
- Oh, no me haga ruborizar, no me gusta recrearme en mis habilidades más notables...
- No tenemos plumeros, lo siento.

(...)

- Debo confesarle que con clientes como usted la mañana se me pasa rápido.
- Bueno, espero que eso no sea aplicable a todo; súbame la muñeca un poco más, por favor.
- ¿Así está bien?
- Oh, yeah, mire en el espejo; mi brazo en alto, el otro sobre la cintura, y usted sujetando mi muñeca con ambas manos, los brazos estirados, el pecho hacia adelante. Es una experiencia mística, a pesar de sustituir el plumero por un paraguas...
- Lástima que no tengamos una cámara.
- Bien, creo que por hoy está bien. A no ser que tenga un paraguas de estos con jirafas estampadas...
- Me temo que no, pero no se lamente; ahí al lado hay una tienda de juguetes donde podría conseguirle todas las jirafas que desee.
- No se emocione, no soy su tipo: sufro hipersensibilidad.
- No sabía que eso le pasara a los espíritus-albañiles.
- Ah, parole, parole... No se deje engañar por mi aspecto; detrás de mi enorme pene hay también un corazoncito. No insista, no me gusta que me pretendan sólo por mi cuerpo.
- Oh, lo siento, señor Gran Pene, no pretendía herir su sensibilidad.
- Creo que no me llevaré este paraguas.

(...)

- Me ha sorprendido usted. No esperaba que se llevara el rollo de papel higiénico del baño.
- No me haga la pelota, ¿cuánto es?
- Cinco euros.
- Ya, una reliquia, ¿no?
- Es por los servicios prestados.
- Bueno, todo sea por el arte.
- Gracias. Cinco y cinco diez.
- Perdone que no le deje propina. Los jesuitas me han concienciado del valor del pan.
- Más vale tarde que nunca.
- ¿Me permitiría regalarle una barra de pan un día de estos?
- Vaya, desde luego nunca me habían regalado eso.
- Eh, pan sólo. Es una promesa que le hice a la Virgen de Lourdes.
- Intuía yo que era usted un ser bíblico.
- Oh, sí; he de confesarle que lo de Sodoma y Gomorra fue uno de mis mayores éxitos.
- “¿Desea usted algo más?”
- Deje de tentarme. Sólo porque le he propuesto echar un polvo supone usted que me impresiona con su iniciativa. Déjeme en paz.
- Qué osadía la mía.
- Adiós, le traeré pan. Pero cuidado, que le ofrezca una mano no significa que tenga que tomarse la polla.
- Oh, estaré atenta, disculpe.
- Adiós.

(...)



2 comentarios:

Anónimo dijo...

el absurdo de lo cotidiano

Quacking-pingüino dijo...

Costumbrismo tardo-astral