jueves, 10 de febrero de 2011

Cosas de niños




Antes, las obras de arte se valoraban, principalmente, por el esfuerzo que implicaba una realización exitosa y extraordinaria, orientada a realzar lo mejor y más elevado del hombre; demostrar de lo que se es capaz a pesar de la mortalidad, trascender la miseria no aceptándola, sino negándola en una confrontación creadora. Eran intasables, aunque se pagara al artista. El elemento humano, la intención, el sudor y costo de la obra eran fundamentales para considerarlas, al mismo nivel que el efecto estético final. Se buscaba una materialización de las aspiraciones humanas, dirigidas a cómo debería ser el mundo, a cómo debería mejorar el ser humano. Como un conjuro, se hacía la magia de la alquimia de las apariencias. Y era muy importante que en una construcción participaran miles de obreros, como importante era que se emplearan oro y materiales suntuosos como muestra de la entrega, a un sueño, del tiempo y la energía vital de muchas personas. Porque no nos engañemos: al ser humano le fascina, ante todo, el ser humano, y es siempre un valor incalculable.

Y, de repente, todo el fenómeno de la sociedad y su Historia se entrega a un solo índice de valoración: el mercado y su ley de la oferta y la demanda. De ahí en adelante, un número designa a la obra (el precio), quedando abandonado todo el elemento humano intasable. Tras Adam Smith, poco a poco, a medida que las revoluciones burguesas triunfan en Europa, el concepto de libertad evoluciona paralelamente al del mercado del arte, y la imitación encorsetante va dando lugar, poco a poco, a la simple impostura, a lo largo de un período de 150 años, con sus altibajos, sus grandes figuras y sus hitos, que se dan. Pero la cada vez mayor desvalorización de lo humano trae consigo la desaparición gradual de lo excelente; porque sin el elemento humano, la materia vil sigue siendo basura. Así, en el nombre de la libertad, triunfa el detrito con aires pretendidamente áureos.

Sin embargo, eliminado el elemento humano, proscrito el contenido y prohibida la verosimilitud, el arte queda reducido a un gesto de niño, en el sentido de que para un niño es más importante tener la intención de ser un oso en sus juegos, que serlo, o parecerlo, de verdad; para los demás niños del parque basta con que lo quiera ser para aceptarlo en sus juegos. El artista actual descontextualiza un objeto sin significado y lo declara significante, y la venta del objeto consuma la alquimia del arte nacido de la simple declaración. La declaración ingeniosa está por delante del objeto; la intención sin resultados es suficiente hoy, si la intención se formula como conjuro, chiste, consigna política o slogan publicitario.

Así, lo especulativo ahorra la necesidad del esfuerzo, la entrega y el talento como elementos indispensables para el fenómeno artístico, y no solo artístico; no hay más que ver nuestros políticos, que fingen tener carisma con éxito (sin tenerlo en absoluto), las economías globales fundamentadas en ilusiones inmateriales (las burbujas), e individuos tan lejos de sí mismos que hasta pretenden sentir, sin estar del todo seguros de ello. El número tasante de la moneda sanciona los fenómenos hasta entonces ficticios, dándoles toda la apariencia de realidad.

¿Y la Revolución? Cuando veo recitales poéticos donde se anima a la lucha, no puedo evitar preguntarme... ¿Qué lucha? ¿Es este el momento histórico de Brecht? ¿Están las clases enfrentadas? ¿Dónde se encuentran los conflictos, dónde los bandos, dónde se alistan los valientes para esas guerras de las que tanto se habla?

Porque en este supuesto mundo en guerra, los rebeldes viven placidamente en el aburrimiento despersonalizado con que pretenden despertarnos, sin saber ni para qué ni hacia dónde; y miran con envidia a Egipto, donde sí que se puede ser revolucionario de verdad, con un contexto histórico a su medida. Quieren ser guapos héroes, como bien ha indicado la campaña publicitaria ejemplar que se ha hecho del Che desde su muerte. Es un todo superficial de pasarela de moda con el mismo contenido que un cabeza de chorlito de pañuelicas aspiraciones de seda.

Y, en el fondo, ellos son el fundamento de esta sociedad gobernada por la codicia y el narcisismo, pero eso sí: ahora, el narcisismo de lo feo, bajuno y amoral, al que la audiencia de las masas da validez a través del dinero-índice de los medios de comunicación. Han descubierto que lo bajuno de lo humano también fascina al ser humano debidamente cretinizado- y es más barato.

Porque lo excelso, la belleza más universal, las historias llenas de significado precisan de un esfuerzo que, en este mundo de la pose, resultan insultantes para la miseria general, que aplaca las frustraciones de los timadores-creadores (que fingen ser algo ya de por sí fingido) para así, aplacar también la sospecha de vivir la vida de una mosca coprófaga, por no ser capaces de ninguna otra cosa, tan bizcos como están de buscarse a sí mismos, sin encontrarse.


...
...
...
..
..
..
.
.
.

2 comentarios:

Juan Asís Palao dijo...

Querido Kike,

Vaya por delante que te felicito por la gran calidad del análisis y sobre todo la elegancia y claridad de la prosa que has plasmado. Tu reflexión me resulta por principio interesante, pero en este caso aprecio que ataques a tantos tabúes sociales, ideológicos, de golpe y sin amortiguadores. También es cierto que, evidentemente, puedo sentirme identificado con una cierta personalidad esbozada del "revolucionario por procuración", que anhela sentir la vibración de la Historia, la Realidad, la Verdad.
Si no se distingue lo intricado de las diferentes capas de nuestras emociones, de nuestras vidas paralelas, puede en efecto parecer un juego infantil fagocitar compulsivamente revoluciones distantes, pero en mi caso, y en una defensa no pedida, alego alevosía, conspiración y vanguardismo.

Espero que me entiendas. Un gran abrazo,

Quacking-pingüino dijo...

Sí, ese esbozo del revolucionario que busca la gloria mediante el uniforme no estaba inspirado en tí, sino en actitudes muy burdas que estoy harto de ver a lo largo de todos estos años (y tú, seguro). Es cierto que, como arabista y musulman, era evidente que todo este asunto te tocaría muy de cerca; yo mismo me he llenado de optimismo al ver que, tal vez, el mundo árabe comience ahora su verdadera emancipación, como debe de ser: resolviendo sus problemas ellos mismos, con todo el apoyo internacional, y no mediante bombardeos "amistosos" extranjeros.

Muchas gracias por pasarte y comentar, amigo.

Saludos!!