viernes, 28 de septiembre de 2012

Pajas y comuniones



Estaba hasta el carajo de comuniones y bautizos y bodas de mierda. En esta ocasión, la enésima comunión se iba a llevar el premio. Ya no podía más, niños de siete años recatolizándose y tratándote con un aire paternal absurdo, los mismos que currarán a sus padres dentro de cuatro o cinco años, soñarán con ser un soplapollas de reality y tendrán las mismas inquietudes que un reptil, no era soportable por más tiempo sin medicación. Así que se fue a los baños del restaurante dispuesto a fumarse un porro de señor. En esas estaba cuando se abrió la puerta y apareció el niño, vestido de marinerito, frente a él, justo cuando acababa de liarselo.

- ¿QUÉ HACES?- preguntó con voz de pito- ¿ESO QUÉ ES?
- Esto, niño- le contestó con un tono sarcásticamente amable, enseñándole el porro- es en lo que consiste “hacerse una paja”.

El niño lo miró raro y él volvió a cerrar la puerta en sus narices, esta vez con pestillo, para acabar la faena debidamente.

El caso es que la inspiración puede jugar malas pasadas, por muy brillante y fantástica que se presente. El niño regresó a la fiesta y le dijo a sus padres que un hombre se estaba haciendo una paja en el baño delante de él, así que antes de que pudiera acabar de fumar ya tenía a una legión de adultos aporreando la puerta, y no tuvo más remedio que abrirla.

- Dice mi niño- empezó la gorda de la madre- ¡que te la estabas cascando delante suya! ¡te voy a denunciar!

El padre estaba detrás de ella, furioso, mientras los demás lo sujetaban para que no se liara a mamporros con nuestro héroe.

- ¡¡HIJO DE PUTA!! ¡¡SINVERGÜENZA!! ¡¡EN EL DÍA DE SU PRIMERA COMUNIÓN!! ¡¡MARICÓN!! ¡¡CABRÓN!!

Él se quedó mirándolos a los dos, mientras seguían su pantomima folklórica, y decidió aclarar las cosas.

-Tranquilos, ¡que sólo me estaba fumando un porro!
-¡¡AH!!- continuó el padre- ¡¡Y METIÉNDOLO EN LAS DROGAS, ADEMÁS!! ¡¡SUJÉTENLO, QUE LLAMO A LA POLICÍA!!

Por fin apareció su novia, que era la realmente invitada a la celebración, medió entre unos y otros y logró calmar los ánimos, pero tuvieron que marcharse, en silencio.

-Ya no vienes conmigo a ninguna celebración más- le dijo cabreada.

Sonaron todas las campanas del mundo en su corazón....


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1 comentario:

Kenit Folio dijo...

Tampoco me gustan las comuniones.
Un saludo.