lunes, 8 de junio de 2009

Café, un estadísticamente-cabrón, y cigarrillos



Allí estaba Uli, por voluntad propia, en un nuevo intento. Esta vez se sentó en una mesa del Hefestos, de las de fuera, para mirar. Pronto, sin embargo, lo rodearon en la mesa un grupo de amigos que habían llegado allí puntuales. Hubo saludos, palmadas en el hombro, gestos, preguntas y respuestas. Y pidieron café. Era lo propio a las seis de la tarde, en esa tarde de sol de verano-infante. Eso está bien- se dijo-, es lo que se supone que debo hacer a continuación: socializarme. Así que ahí estaba, sentado con todos, dispuesto a charlar.

- El fin de semana- comenzó Beatriz, administrativa en una consejería- alquilamos Rober y yo una casa rural en la Sierra Norte que te cagas. Os la recomiendo, además…
- Se come de puta madre, ¿no?- la interrumpió Uli con tono de monotonía y aburrimiento.
- Sí, bueno, a eso iba, sí…

Todos se quedaron callados.

- Me ha venido muy bien- continuó ella, tras un fugaz resoplido lanzado “de soslayo”- llevaba una época muy agobiada y…
- Ya- dijo Uli- el trabajo y la crisis y el agobio de las compras, sí.
- Pero tío, ¿me quieres dejar hablar?- le dijo ella, ya enfadada.
- Si es que me imagino el resto: una enumeración de gastos encantadores. Dime, ¿después de pagar tres veces el valor de un montón de vistosas y sazonadas palas de colesterol con denominación de origen, comprar nuevas muestras del poder de la artesanía textil y pagar una paja virtual en forma de chorro de spa y masaje “anti-estrés” posterior, no se te ha puesto en huelga el cerebro?
- Vete a tomar por culo, sigues igual que siempre. Estabas mejor cuando bebías y casi no podías ni hablar.
- Ah, esa visceralidad femenina que salpica sangre... Pero es que, ¿de qué estás agobiada tú? Trabajas media jornada, estás todo el resto del día comprando trapos para calmar la “ansiedad” que te provoca tener asegurados para el resto de tu vida 1500 euros mensuales, vives en permanente crisis personal y vas a cursos y a especialistas, y no lees ni un solo libro que no contenga polvos, intrigas y asesinatos (literatura clásica, vamos, pero parodiada por pajos que sueñan con tener una lengua de vaca para poder lamerse a sí mismos la cara y el flequillo), no mueves un dedo por nadie porque te desmayas sólo con las malas noticias, y lo peor es que te crees especial por eso. Lo especial es un fenómeno estadístico según el cual, algo o alguien tienen una o unas cualidades estadísticamente poco frecuentes. Y tu subespecie de depresión de Click de Famobil es una pose vulgarmente utilizada por todo quisqui para no pasar ni un sólo rato a solas consigo mismo. Y vienes aquí a aburrirme contándome la misma historia que oigo a los memos de mi trabajo en los desayunos (por eso desayuno solo) lunes tras lunes: “hemos ido a tal, nos ha costado tal, luego comimos en tal, después compramos tal, y luego fuimos a ver unas tiendas que habían abierto en tal, y la verdad es que estoy reventado del fin de semana”. Mira, te seré sincero. Te voy a hablar de tus crisis y, como sólo las he conocido a través de ellas, hablaré de mujeres, es decir, de todas y cada una de mis novias, en concreto. De los hombres no lo sé, porque en general fingimos ser más indolentes y estos sentimientos, si existen, no se suelen confesar así como así ni entre amigos. Quiero decir que posiblemente estemos igual de tarados, pero parece que hay estilos para demostrarlo. El de las chicas de mi vida (TODAS sin excepción) era el siguiente: estar siempre en un momento crítico y decisivo de una larga crisis arrastrada desde siempre, pero con referencias recientes por economía verbal. Siempre estaban fatal. Demasiado tristes y hundidas en la miseria, apenas podían ni darse cuenta de mis manifestaciones de estupidez al estilo masculino, que, como el canto de un canario que desea hacerse notar, consistían en mamarme todo lo posible cada vez que salía y tirarme a todo lo que se meneara, siempre que ella no mirara. En cualquier caso, si me ponía enfermo y deseaba su compañía, anteponían siempre sus crisis existenciales a las mías (motivadas, por ejemplo, por discutir con su madre por haber comprado pescado congelado, y no fresco), y me tenía que joder. Luego, te las encuentras al cabo de años y siguen en un momento difícil, que achacan a su peculiar e infrecuente sensibilidad, y no pueden escuchar tu historia porque tras bombardearte con todos los detalles de su última desgracia (que, por ejemplo, no le hayan subido el sueldo de 1500 a 1700 euros y a un compañero sí), con los detalles de los consumibles, por supuesto, no queda tiempo más que para dos besos y largarse a toda prisa alegando que no tiene tiempo porque tiene que ir a ver unos muebles. Seguro que cuando, con ochenta años, les diagnostiquen cáncer llorarán porque ese momento no será tampoco bueno para morirse, puesto que estarán pasando por una etapa muy difícil y tendrán a tres especialistas intentando averiguar por qué no es feliz la pobre. Y es que ninguna de ellas podía relativizar. No tenían el referente contrario, el del miedo. Miedo a un motivo real. Yo he pasado hambre, he sufrido adicciones, mi vida ha estado en peligro, han muerto amigos míos, he conocido la realidad de la pobreza viviendo en otros países. Esto no es estadísticamente el mundo. Si un extraterrestre tuviera que recoger una muestra representativa de la humanidad, tomaría una familia miserable. Ese es el momento histórico. Ese es el estado del mundo. Esas otras crisis proceden precisamente de ignorar todo eso. Pero suelen estar demasiado agobiadas por empezar a informarse, o la magnitud del corpus de información que se les presenta les provoca ansiedad y lo abandonan. Yo creo que una persecución a pedradas a tiempo (sin dar en el blanco, sólo como didaxis del miedo) les hubiera ayudado a todas (a mí lo hizo repetidas veces en la infancia, dando en el blanco con frecuencia, etapa proclive e ideal para eso- los huesos son más flexibles). El caso es: ¿en qué mundo te crees que vives tú? ¿para qué usas tus ojos? ¿cómo se puede tirar lo que se ve a la basura? Dime, ¿cómo se hace? ¿Has pensado alguna vez en algo distinto de ti misma, tus ambiciones, tu vanidad y tus compras- aparte del sexo, claro? Vives en tu jardín de infancia creyéndote que es así la realidad, a pesar de todos tus viajes de verano y fin semana por todo el globo, adoleciendo de una profunda tristeza e insatisfacción. Qué decadencia… ¿me voy ya?
- No, quédate.
- ¿No me echáis aún?
- No, estás a punto de igualar tu record. Espera aunque sólo sean unos diez segundos- le dijo Alex, mirando el cronómetro.
- Pero así no vale…
- Espera un poco, ¡joder!
- ¿VES? Vives en el Media y crees que puedes manipular la realidad sólo para lograr una marca. ¡Así está todo, hecho con remiendos puestos por idiotas que ni siquiera se preguntan por qué cojones corren así, a toda prisa, y…



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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno el relato, pero el *tubo (¡es tuvo con uve!) del anterior sigue empañando tu reputación de ortógrafo pulcro... y los U-Bets se cayeron del cartel del festival de Rock de Calle 32.

Quacking-pingüino dijo...

Tío, lo he buscado y no lo encuentro. También es cierto que no lo he buscado con mucha atención. Volveré a mirar. Y sí, nos caímos, hemos cambiado de cantante y la sustituta que habíamos buscado para la ocasión no pudo ir el sábado. Así que estamos en esas, probando gente.

Volveré a mirar, no sé dónde está ese "tubo" maldito.

¿Quién eres, cobarde??

an dijo...

yo lo hubiera titulado: ego 1 versus ego 2.