viernes, 5 de junio de 2009

El espíritu de Jumping Jack Flash y las relaciones abiertas


Leo estaba en el Fun Club cuando empezó a notar los familiares primeros síntomas de una bajada de tensión. Corrió como pudo a la sala del fondo para sentarse en una silla, y llegó hasta ella justo cuando se le empezada a nublar la vista. Cayó sobre el respaldo como un trapo y se quedó sentado, con la cabeza entre las piernas, en medio de toda la gente. Entonces oyó una voz de chica que le hablaba.

- De qué vas, ¿de coca, pastis, speed?
- Porros- pudo articular sin apenas convicción.
- ¿Qué?
Leo tuvo que levantar la cabeza para contestar más alto.
- ¡Porros!
- Ah- dijo la chica. Leo se había sentado a su mesa sin darse cuenta. Vio que llevaba un top con la cara de Mickey Mouse estampada. Leo pudo ver que era guapa, pero no estaba en condiciones de preocuparse de nada más- ¿quieres que te traiga algo? ¿una cerveza?
- No creo que me siente bien- respondió, con la cabeza de nuevo entre las piernas.
- ¿Qué?
Suspiró con paciencia y volvió a erguirse.
- Creo que será mejor que tome una coca-cola- y volvió a la postura anterior.

La chica, muy amable, fue a por ella y se la trajo.

- Gracias- le dijo Leo, mientras bebía un buen trago. Sabía que las bebidas azucaradas eran lo mejor para recuperarse de estos chungos.
- ¿Eres de aquí?- preguntó ella.
- No- dijo- vivo aquí pero no soy de aquí. Sin embargo, casi prefiero contestarte que sí que soy de aquí. Lo otro supondría contarte mi vida, y me da bastante pereza ahora mismo.
- Yo soy de Madrid.
- Ajá...- dijo mientras seguía bebiendo el refresco. Ya notaba la recuperación y la observaba mejor. Joder, pensó, estaba buenísima.
- Sí, soy gogó en una discoteca de allí, ¿sabes?
- Ah... Vaya, un trabajo duro, ¿no?
- Bueno, a mí me encanta- y entonces le extendió la mano y se puso a acariciarle la cara- ¿te encuentras mejor?
- Sí- le dijo- ya se me está pasando.

“Si te hubiera cogido hace una semana”, se dijo para sí. Hacía apenas cinco días que había empezado una relación con una chica, estaba ilusionado y no tenía ganas de meter la pata, al menos tan pronto. Además, odiaba que las tías buenas que saben que están buenas consideraran siempre que cuatro gestos bien puestos implicaran necesariamente una reacción prevista por parte del hombre-capricho del día. Iba a pasar de ella.

- ¿Sabes?- le dijo- voy a liarme un porro ahora mismo, me apetece.
- ¿No te sentará mal?
- Nunca sucede dos veces. ¿Qué te debo por el refresco?
- No te preocupes, te invito- y le volvió a acariciar la cara.

Entonces llegaron los colegas de Leo. Lo habían estado buscando. Él abandonó la mesa y se puso a charlar con ellos mientras se fumaba el porro. La chica se levantó, y se detuvo al pasar junto a él.

- Voy a bailar, ¿te vienes?- la cara de Mickey sonreía entre sus dos tetas tan bien puestas. Era alta, morena, llevaba unas mayas negras y tenía un culo perfecto.
- Quizá luego.

Le volvió a acariciar la cara mirándolo a los ojos y se fue. El resto de los colegas lo animaron para que fuera con ella, pero no hubo manera. Para ellos se trataba de un escándalo intolerable.

(...)


Habían pasado un par de semanas y la cosa se había enfriado en algunos aspectos; es decir, Leo y Cristina habían entablado una relación abierta donde toda infidelidad cabía, excepto una: la prioridad.

- A mí no me importa que hagas lo que quieras cuando no estés conmigo- le decía Cristina- pero ni se te ocurra dejar de verme por ver a otra. Cuando te necesite, tienes que darme prioridad absoluta.

Leo nunca se creía esas cosas. No era la primera vez que una chica le venía con “modernidades” de ese tipo para luego, cuando sucedían los hechos, cabrearse con argumentos tradicionales. A los 21 años se aspira a ser un panfleto andante, pero no se tiene ni idea de la persona que hay debajo de los signos de identidad y de las adscripciones tribales.

Leo se quedó un poco decepcionado y, sobre todo, arrepentido de no haber aprovechado la ocasión que tuvo a huevo con la gogó de Madrid, pero aún así le gustó ver que era capaz de controlar las situaciones y no reaccionar como un mamífero que sólo tiene instintos, y nada de voluntad. Al menos ahora sabía que no iba a dejar escapar otra ocasión como esa en el futuro, sin engañar a nadie, además. Bueno, en realidad, se juró a sí mismo no volver a cometer ese error.

Así que estaba de nuevo en el Fun, bailando, y se fijó en una chica muy guapa, Inma, que bailaba junto a ellos. Le gustó cómo se movía y miraba de soslayo, le pareció elegante y morboso al mismo tiempo. Así que al cabo de un rato se puso a hablar con ella y cuando fueron a pedirle un tema al Dj se enrollaron y pasaron así el resto del tiempo hasta que cerró el local.

(...)

Quedó con Inma en la facultad de filología un miércoles por la mañana. El bar daba a un patio abierto donde Leo solía pasar las horas con sus amigos, fumando porros como locos. Cuando la vio entrar se acercó a ella y estuvieron dándose la paliza hasta que ella se marchó a almorzar, pero algo se crujió dentro de Leo. Ya no le gustaba tanto, y ella se mostró preocupada por el consumo continuado de drogas que mantenía el recién conocido espécimen. Son las cosas de los flashes de fin de semana. Todo es más bonito bajo las luces de colores. Cuando ella salió por la puerta respiró aliviado y regresó con su grupo de amigos.

- Vaya- le dijo Miguel, un colega tres años mayor que él- ¿de donde has sacado a esa chavalita?
- La conocí el fin de semana.
- ¿Y la otra con quien te vi hace poco por aquí?
- Esa es Cristina, mi lo-que-sea. Salimos juntos, pero se permiten ciertas licencias.
- Ya- contestó con escepticismo.
- De verdad.
- Pues creo que le gustas a esa niña. Parece joven, ¿qué edad tiene?
- Dieciocho o diecinueve.
- Ay, Leo, te tengo calado, ¿sabes?
- Explícate mejor.
- Vas con tu cara de niño bueno y cada semana te veo con una tía distinta. Las embaucas con eso y luego las dejas tiradas. Te llevarás una lección, tarde o temprano. La pides a gritos.
- Te equivocas, las cosas están un poco complicadas últimamente, pero es por casualidad. Mi vida no suele ser de esta manera. Esto no forma parte de ningún programa ni nada de eso, no es voluntario ni premeditado. Está sucediendo así, se me mezclan las cosas. Ni yo mismo lo entiendo, pero estas situaciones no molan en absoluto, créeme, son un agobio.
- Bueno, tú mismo, yo no voy a sermonearte.
- Tranquilo, me las arreglaré.
- Ya, pero me dan pena esas niñas tan monas. Todas parecen buenas personas.
- Y lo son. Soy yo, que no sirvo para las relaciones.

Pasó un silencio.

- Está nublado y sopla el viento- dijo Leo- Me voy a fumar un porrazo ahora mismo. Todo es gas, Miguel. Humo, aire, viento, nubes y promesas.
- Yeah, in fact it’s a gas...
- Sí, en realidad es una pasada. I’m jumpin’ Jack Flash, it’s a gas, gas, gas…
- Toma, hazte uno de los míos.

(…)

Estaba por Triana, bastante puesto, y entró en el bar una chica que hacía algún tiempo lo había acusado de “autismo moral”. Estaba en la misma facultad, aunque un año por delante de Leo, y se llamaba Fanny. Una niña muy guapa. Cuando decidieron irse a la Alameda, se apuntó al viaje y, en el coche, sentada con Leo en el asiento de atrás, volvió a complicarse la cosa.

Entraron en el Fun y recorrieron toda la sala dándose la paliza y, una vez en el fondo, ella entró en el baño. Leo la esperaba cuando sintió que alguien le tocaba la espalda. Era Cristina.

- ¿Qué pasa, Leo? ¿Cómo estás?
- Vaya- contestó sobresaltado- ¿no me dijiste que no ibas a salir?
- Sí, pero me convencieron y vinimos aquí porque esperaba verte.
- Ya- dijo Leo, pensando que en cualquier momento saldría Fanny del baño- ¿puedes esperarme un momento, que entre en el baño a mear?- necesitaba un respiro, pensar algo.
- No, no te preocupes- le dijo, sujetándolo por el brazo porque iba lanzado a quitarse de en medio- si me voy ya.
- ¿No quieres quedarte conmigo?- le dijo, dispuesto a cumplir su promesa sobre las prioridades, besándole la mejilla.
- No; además, ya he visto que estás bastante “entretenido”...

Para cuando la otra salió, ya se había marchado Cristina y Leo se quedó un poco aplastado por la situación. Los amigos se limitaron a mirarlo desde lejos.

Quedó con Cristina al día siguiente. Salieron, follaron, todo ello sin mencionar el tema, como si no hubiera sucedido. Pero era un silencio demasiado artificial, y de ahí en adelante Cristina se mostró gradualmente más reacia a quedar con él, y las citas se hicieron cada vez menos frecuentes.

(...)

Durante las semanas siguientes quedó a veces con Inma, a veces con Cristina. Lo de Inma empezaba a resultarle agobiante, pues no le acababa de gustar lo suficiente como para implicarse en el tema todo lo que ella quería; además, ella no sabía nada de la existencia de Cristina, y contárselo era cada vez más difícil por el efecto bola de nieve: cuanto más esperas, más grande se hace la bola, y no dices nada, y crece y crece y crece conforme baja por la colina de las mentiras y las verdades a medias. Y a Cristina tampoco le contaba nada, puesto que comprendió que ella lo prefería así.

Era Viernes de Dolores y Leo había quedado para salir con su hermana mayor y sus amigos. Por lo general, siempre se entendía mejor con gente mayor que él y le gustaba quedar con ellos; además, esta vez saldría sin ningún compromiso, libre como un pájaro. Fueron a un concierto-homenaje a Tequila que estuvo bastante bien y, entre los amigos presentes, estaba una chica rubia con aspecto de quinceañera que ya había visto antes: en un bar, hacía meses, con uno de los amigos de su hermana, a quien tomó por una especie de buitre pederasta, al ver cómo se acercaba a aquella chavala aparentemente tan joven. Se enteró de que era mayor que él cuando se lo contó a su hermana. Las apariencias y tal.

Tras el concierto fueron a un bar donde se entretuvo con un montón de revistas “El Jueves” y “Vívora”, que había en una mesa a disposición de la clientela. Entre el alcohol, los porros y la coca, era fácil descojonarse de todo lo que ahí había, y se formó un corro alrededor que se partía de risa. Al fondo, desde lejos, Leo se dio cuenta de que la rubia miraba y miraba, y cuchicheaba con una de sus amigas. Le gustó cómo levantaba el brazo para apartarse el pelo, y como ya no era una niña, como había pensado hasta entonces, la empezó a mirar de otra forma. Entonces entró Fanny en el bar, una de esas terribles coincidencias, y se acercó a Leo, horrorizado de agobio. Estuvieron charlando durante un rato. Luego llegó el momento de cambiar de sitio.

- ¿No te importa que vaya con vosotros?- le dijo Fanny.
- No, claro- dijo Leo, incapaz de decir lo contrario- vente, no te preocupes.

Sin embargo, Leo decidió que no iba a suceder nada esta vez. No le gustó la mirada de carnero degollado que le había echado al llegar, y no quería dejar que la cosa se complicara aún más. Fanny se puso a charlar con la hermana de Leo y dos chicas mientras caminaban camino del XL, y Leo estaba unos metros más adelante, solo. Entonces la rubia se le puso al lado.

- ¿Qué estudias tú?
- Filología alemana.
- Yo he terminado Derecho y estoy liada con el Doctorado.

Fanny reapareció entonces y la conversación no pudo continuar. Leo estaba incómodo y empezó a resultar patente para todos. Ya en el XL, Fanny decidió irse, dadas las circunstancias.

- Me marcho, no estoy cómoda, ¿te vienes?
- No, estoy a gusto, prefiero quedarme. Había quedado para salir con mi hermana, ya sabes.
- No hay manera, ¿no?
- Supongo que no.
- ¿Me das un beso y me voy?
Leo le besó las mejillas.
- Me refería más bien a otro tipo de beso.
- Mejor no.

Funny se dio la vuelta y se fue, triste, y Leo la observó hasta que salió del bar, con tristeza también. Odiaba que estas cosas pasaran, pero no le dio tiempo a pensar más. La rubia se le acercó inmediatamente, aprovechando que estaba solo y apartado de los demás.

- Entonces... ¿tú qué estudiabas?
- Ya te lo he dicho, filología.
Se le acercó más y le puso el brazo sobre los hombros.
- ¿Tú qué estudiabas...?

Leo, que hasta entonces había permanecido sumido en la tristeza, los remordimientos y el arrepentimiento por lo que acababa de suceder, se dio cuenta de lo que le estaba pasando entonces. Sonrió con una malicia cuyo origen ignoraba, la tomó por la cintura con un brazo y la acercó para besarla. La chica se echó para atrás.

- Bueno, me voy- le dijo, pasado un largo silencio, ya sin comprender nada.

La rubia volvió a pegarse a él para evitarlo, y esta vez sí. Los demás, visto el panorama, se fueron y los dejaron solos en aquel bar, y al cabo de un rato se fueron a un hostal a terminar la faena.

- ¿Tienes novia?- le pregunto fríamente, después.
- Tengo una especie de lío.
- Yo no quiero novios- contestó ella- hay demasiada gente interesante en el mundo como para conformarse con probar sólo uno.
- Veo que nos entendemos.

Leo, sin embargo, no tenía unas ideas tan claras, tan programáticas, sobre el tema. Él se dejaba llevar por el viento y le echaba siempre la culpa a él. Sin embargo, su conducta parecía ir en la misma dirección, en la práctica. No estaba satisfecho en absoluto con su vida, pero sabía que tampoco lo estaría de estar en una situación estable. I can’t get no-satisfaction...

Por la mañana, se despidieron en la calle y Leo salió corriendo para llegar a tiempo a su cita con su hermana para marcharse a pasar la semana santa en la Sierra de Cazorla con otros amigos. Tenía la espalda llena de arañazos y tarareaba mentalmente “it’s a gas, gas, gas...” bajo un sol primaveral de ensueño.

- ¿Cómo se llamaba tu amiga?- le preguntó al subirse en el coche de su hermana.
- Elvira, capullo...- le contestó con paciencia.

(...)

Pasaron dos semanas, Leo cortó con Cristina, y se encontró con Elvira en el Fun. Estaban charlando los dos cuando apareció Inma por la espalda y le dio un beso de tornillo por sorpresa, delante de Elvira. Elvira se sintió violenta y se marchó. Leo se quedó callado y serio. Ella lo entendió todo.

- Espera un momento- le dijo a Inma, y salió tras Elvira.

Esta vez Elvira se lo llevó a casa de sus padres. Entraron a pie puntillas y subieron a la buhardilla... Cuando descansaban, Elvira no hacía más que preguntarle que quién era esa chica. Leo se lo contó todo. Ella estaba cabreada. Por las dos cosas, la conducta de la chica, y por repetir con él.

- Estoy enamorada de un tío, lo tenía a huevo anoche, y me fui contigo. No lo entiendo.
- ...
- No quiero ninguna relación seria, con él tampoco, pero ayer era el día...

Al día siguiente salieron de su casa, ya al mediodía, con la naturalidad con que saldrían si Leo fuera un amigo que la hubiera visitado por la mañana. Aún así, no se cruzaron con nadie...

(...)

Se siguieron viendo esporádicamente, en plan relación abierta, hasta que una compañera de piso de Elvira vio a Leo con otra chica por el centro, en un bar. La siquiente vez que quedaron, se enrollaron, se desnudaron, se metieron en la cama y, una vez allí, en el momento crucial, le preguntó por esa nueva chica.

- Sí, estuve con ella.
- ¿La vas a ver más?
- Creo que sí.
- Prefiero no seguir. Estoy hecha un lío y mis citas contigo me lían aún más.
- Sigues liada con el asunto de ese tío, ¿no?
- Tú lo has dicho. Y tú me desestabilizas aún más de lo que ya lo estoy.

A pesar de tratarse de una venganza afilada y fría, no pudo evitar servirle en bandeja un buen argumento para salir del paso. Cumplidos los deberes, se dispuso a vestirse.

- Pero no te vayas, ¿no?
- Lo siento, no podría dormir. Estaba predispuesto a otra cosa.

Ella lo acompañó a la puerta.

- Lo siento, de verdad, estoy hecha un lío.
- Y que lo digas- le dijo cruelmente.

Así que, de nuevo, una cosa es lo que se dice, y otra lo que se hace. La historia con Elvira acabó ahí. Una relación abierta, pero de esas en las que, en realidad, no hay más que pose, dolor, inseguridad y miedo. Justo de lo único que no se hablaba. Qué más daba, pensó.
But it’s all righ now, in fact it’s a gas. I’m Jumping Jack Flash, it’s a gas, gas, gas…

Con esa nueva chica Leo salió durante dos años. Fue un descanso. Pero siguió mintiendo todo el tiempo. Prefería la hipocresía tradicional a la moderna. Estaba mejor preparado para enfrentarse a ella, por el momento.

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5 comentarios:

Kitsch dijo...

CONÉCTATE AHORA, AUNQUE SEAN ESCASOS MINUTOS.

Anónimo dijo...

Tuvo del verbo tener es con uve. Entre el primer y el segundo «porro» del texto.

Quacking-pingüino dijo...

Sí, una ida de olla, ahora lo corrijo. No hace falta que te ocultes, no me como a la gente (y menos si tienen razón).

Búfalo dijo...

Qué bueno eres, Quacking!

arhur stone dijo...

Mejor pájaro en mano que ciento volando ¿no?

Me gustado mucho tu relato, y el paralelismo con la canción de los rolling...

Un saludo