jueves, 15 de octubre de 2009

Prenda encogida

Oh, sol, no te conozco, no debería conocerte.

El dolor se estira y se contrae y el movimiento es marrón,
marrón oscuro cuando acuchilla con los ojos cerrados.

Yo:
balsa que se desliza en las mareas de esta cabeza,
doy vueltas y vueltas porque pienso como una lavadora.

Oh, sol, no te conozco, no debería conocerte,
aunque sólo cuando secas mis palabras
se las pone de gala la gente.

Centrifugo. Pienso. Revoluciono el eje para que todo gire. Inundo. Enjabono.

Pero me duermo con el ruido molinete,
floto sobre aceites quemados,
no veo cortinas de seda en ningún sitio.

El sol se tañe en los timbales de mi sien,
se dilata en esta prisión de lavadora.

Y es tan pequeña esta cárcel,
que se me encogen los ojos de pensarla tan caliente.

Oh, sol, no te conozco,
no debería conocerte,
al menos;

desde luego,
no en este plano sin sombra,

... con estos ojos tan pequeños.

...
...
...
..
..
..
.
.
.

3 comentarios:

Nadie dijo...

...y si en verdad te conociera,
sería como amanecer sin ojos
al velo de tu luz empancipada;
topo que excava en las fosas,
en la tierra árida
de mi propio pensamiento.


Perdón por la licencia-intromisión que me he tomado.

Saludos!

Quacking-pingüino dijo...

Siempre bienvenida cualquier forma de intromisión.

Mira, te paso el enlace de la poesía monedista, donde escribimos tres antiguos compañeros de grupo poético (en el bar la Moneda, en Sevilla, junto a la facultad).

http://monedista.blogspot.com/

Saludos!

Nadie dijo...

Ah pues gracias, ya echo un vistazo