martes, 23 de marzo de 2010

Fashion-poetry für machotes toreros



Poesía, poesía...

La verdad, estoy hasta los huevos de la poesía en España, y de sus poetas y demás mierdas.

Todos los inermes de España recurren ahora a ella para intentar evitar darle a la manivela ellos mismos. Qué casposo, qué sucio, enfermo, indigno, previsible, asqueroso y patético es a veces el machote español llorón y mimado.

¿No los veis? Esos gilipollas que podían pasarse horas charlando de fútbol con ese tono de gravedad usurpado a los comentaristas del diario de sesiones del Parlamento (necesitan esa gravedad para alimentar una desdichada soberbia que es incapaz de comprender los problemas reales fuera del show de marionetas del fútbol, hecho a la medida de su incapaz intelecto), de pronto, se metieron a poetas para ver si echaban un polvo de una puta vez; ellos, que perseguían a pedradas a todo ser que mostrara un mínimo de sensibilidad quieren, ahora, ser los más sensibles del mundo (pero sin mariconadas, eh).

Eso.

Sí.

Que no son maricones, que nadie piense eso.

Están aquí para follarse a chicas sensibles y libertinas, las más fáciles: qué coño, ahí está la elevación de espíritu que la poesía conlleva ¡¡Vivan los poetas españoles, viva la eñe y la lengua del imperio!!

De hecho, la verdadera poesía, la que vale según ellos, la única y verdadera (como la fe católica de antaño), es la que supera las mariconadas, que denuncian ahora con mediocridades verbales que aspiran a ladridos políticos (sin conseguirlo), como si fuera una evolución de las pedradas que tiraban en la infancia contra las mismas víctimas y por los mismos motivos. Bravo. Sutilezas made in Spain.

Y ahora se juntan y hablan en términos similares a los que utilizaban en sus tertulias futboleras, pero de poesía; o sea, el entendidillo de fútbol del grupo, tipo “maestro Araujo” (que ignominia, llamar maestro a un charlatán de los deportes que patea el diccionario cada vez que le sale de los huevos- supongo que ser un no-maricón consiste en eso), es ahora el entendido en poesía que sentencia, aprueba o condena la última jugada de la jornada. Charlar sobre los demás como marujas chismosas es el pasatiempo del poeta español (poeta no maricón, eh). Mejor cambiar los trajes pero no las costumbres.

Ciertamente, lo de comentar se les da bien; ¿poesía? hacen muy poquita y muy mala. Pueden pasar meses sin producir nada para luego presentar... eso. Mejor que sigan charlando en el bar. Hacen menos daño; vamos, el daño que un tonto puede ser capaz de hacer (aunque los tontos, en tanto que asistemáticos, siempre pueden sorprendernos con algún nuevo e increíble equívoco estulto de consecuencias catastróficas).

El problema de muchos poetas es que quieren estar siempre guapos y mantener una pose arrogante que a todos convenza, donde su virilidad haga las veces de presentación, más que nada porque son tan machotes que su impulso artístico nació en una convulsión genital matutina, y escriben para apaciguarla con la recompensa prometida.

En fin, estos tíos son futbolistas frustrados que deberían dedicarse a otra cosa que requiera menos valentía, porque la pretensión de aparecer públicamente en un estado de suma perfección con una indudable e incuestionable reputación (aunque les resulte irresistible para calmar el impulso simiesco y primitivo de exhibirse ante la manada como machos alfa) equivale a ser un personaje plano sin interés alguno para un público con el mínimo de inteligencia que la poesía y la buena literatura en general requiere.

Es hacer trapecismo con red; es tener un seguro bajo el brazo que garantice que no habrá ningún accidente en la performance del héroe poético de espaldas cubiertas.

Dios, no soporto la cobardía del cabestro español, que encima pretende amedrentar a todo el mundo confundiendo arrojo con vulgaridad, como si así exorcizara su total falta de agallas, ese rasgo nacional tan bajuno e innoble como arraigado, históricamente, a esa mentira para imbéciles de las idiosincrasias nacionales (sólo los tontos se agarran a ellas, a falta de personalidad y desarrollo intelectual, para enfrentarse al vértigo del abismo del tiempo libre).

En todo caso, métanse sus recetas de poesía por donde les quepa. Ustedes no tienen ni idea de qué va esto desde el momento en que empiezan a pensar en recetas. Las recetas son chapuzas para gente sin talento. A ustedes les tiembla demasiado el pulso cuando escriben (y escribir ha de ser fluido, natural, como unas pinceladas o unos rasgueos hechos con gracia, pero, sobre todo, VALIENTE, y alguien tan aterrorizado por una sospechosa homosexualidad interior es absolutamente incapaz de serlo); carecen de tacto, no tienen la chispa del artista, no tienen el sentido del humor necesario para exponerse a las críticas ni son tan sensibles como creen. Sólo tienen caspa.

Les voy a dar la mejor lección de su vida totalmente gratis: ser un caprichoso consentido no es ser una persona sensible, aunque sufran mucho por ello. Escríbanlo cien veces.

Son ustedes unos cobardes, pero lo peor es que carecen por completo de talento, de contenido y de intención. Su poesía es mala, vulgar y escasa. No vale ni como prosa rancia. Ni siquiera son ustedes poetas. Son una chirigota sin gracia ni compás ni, por supuesto, sentido del humor. Créanme: tomarse tan en serio a sí mismo es, paradójicamente, ridículo. Esta también es gratis. De nada.

Por favor, vuelvan al fútbol, aunque sólo sea para hablar de él, dado que tampoco sirven para correr detrás de una pelota...

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3 comentarios:

Nieves Maçón dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nieves Maçón dijo...

Brutal la critica, si no fuera por los años que han pasado, me recordarían a alguien ciertas cosas. Estoy de acuerdo contigo, pero hace tanto tiempo que me quité de la farandula esa....soy una poeta autónoma...jejeje.. Saludos.

Quacking-pingüino dijo...

je, je, jee, yo también me he retirado de ese nido de vívoras de la poesía. Jamás he conocido a tanto obseso por la belleza tan lleno de fealdad como en esta "farándula"...

Saludos!