lunes, 14 de marzo de 2011

Un ruido sin nombre



Tener una inminencia de ruido sienta muy bien. Hay quien lleva tesoros, países, palabras, imágenes, imposturas o quejas ocultas bajo la piel, pero llevar ruido por dentro te otorga la emoción de la inminencia de un traspiés al tiempo. Porque si la luz es la materia de la pintura, las palabras de la literatura o el vacío el fundamento del arte moderno, el tiempo (y no el sonido) es la materia de que está hecha la música. Tiempo condensado en ruido. Ilusiones de atemporalidad. Fantasías de eternizar un instante.

Así que tengo una inminencia de ruido fraguándose entre mis entrañas. Empieza como un algo indefinido y poco a poco se va formando el feto: lo reconozco enseguida, “niño, tú vas a dar guerra, ¿verdad chiquitín? Te cuidaré hasta entonces”. Pronto me encerraré y dejaré nacer a la criatura. Mientras tanto, ella me susurra sus trucos de atemporalidad. “Ya verás qué divertidos pasan los segundos”. Como si el tiempo saltara sobre el mismo sitio. “Pero yo te pondré los debidos acelerones...”

Va a nacer, y yo sé de qué sexo es, de qué color tiene los ojos, si será alto o bajito y si será rudo o agradable. Lo tengo todo, pero he de darle una psique. Psique en español, quejumbrosa, irreverente y muy enfadada... Aún he de darle mente, historia y frustración: tengo un capricho antropocéntrico...

Ruido, ruido...

Lo oigo, y pide paso...

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3 comentarios:

Elevalunas Ecléctico dijo...

Me ha gustado. Que disfrutes tu embarazo

Poma dijo...

Pues esperaramos el fruto de ese ruido susurrante.

Quacking-pingüino dijo...

Gracias a los dos!! A ver si este fin de semana me encierro en el estudio y grabo la primera demo!