martes, 23 de diciembre de 2008

Problemas de carga


La visita pululaba por la oficina. Eran peces gordos. El jefe se comportaba perrunamente mostrándoles las instalaciones, los laboratorios, presentándoles a todos los miembros del Personal del equipo de investigación. Llegaron a mi despacho compartido. Estaban en la puerta. Yo les miraba. Ellos me miraban. El jefe me miraba a los ojos. Ah. Me levanté para darles la mano (“aprieta fuerte, con carácter, eso se nota y da confianza”, las palabras de mi abogado pasaron fugazmente por la cabeza) y lo hice, uno por uno, con una tétrica sonrisa de cloacal incomodidad motivada por un algo indefinido que esperé confundieran con un simple rasgo de timidez neurótica.

Comprendí, por ejemplo, que aunque esté probado estadísticamente que, cuando se intentan llevar a cabo prácticas a las que no se está habituado, errar es muy frecuente en los primeros intentos, ello no podía justificar que hubiera prensado la mano del principal investigador internacional de mejora genética del lechuguino, miembro destacado de la FAO, al ser él el primero a quien saludé. El gemido de este señor impidió, además, que escuchara su nombre con claridad. Se llamaba Suto Mabo, eminente biólogo japonés. De los demás pude saber que eran altos funcionarios del Ministerio de Ciencia y Tecnología, allá en Madrid, conforme me los fueron presentando a continuación.

- Oh, “disculpate” myself- le intenté explicar en un macarrónico inglés-, Mr. Sumo Nabo!

La mirada fugazmente asesina de mi jefe me heló la sangre por un instante, seguida por las de los del ministerio.

- Bueno- me dijo con la boca, mirándome a los ojos- ¿qué tal si les muestras a estos colegas la presentación que has preparado esta mañana para el Congreso Internacional de Tokio?- (con los ojos me decía “sumo cabroncete, como la cagues otra vez te voy a colgar de los cojones hasta que cantes como el capullo ese del anuncio de perfumes”).

Era buena idea. Eso me sacaría del aprieto. Entonces un sable de hielo me hizo un tajo por la espalda cuando me di cuenta de que no había guardado el archivo, lo había enviado directamente por e-mail al correo del jefe. “Bueno”- pensé- “aunque quede cutre, lo saco de la bandeja de enviados”.

- Bien- les dije- voy a “abrirlo” ahora mismo.

Pero todos se pusieron a mi alrededor. Con eso no contaba. “Mierda”, pensé, “me van a ver abrir una vil cuenta de yahoo, en vez de Outlook-express”.

Mientras todos me miraban con una extraña expectación y una atención que se me antojó excesiva, me puse a abrir, con toda naturalidad, el explorador, tecleé tranquilamente la dirección de yahoo y, cuando se cargó la página, introduje el alias (“cabras-descuartizadas”). La verdad es que no me preocupé demasiado de que pudieran ver mi nick: seguro que eran como los ejecutivos pirados de American Psico y les caían bien los tipos duros y desgarrados. Ellos ya estaban con sus caras encima del teclado, casi pegadas a la pantalla, cuando me di cuenta de que la contraseña era “Por donde pases, mi polla ya habrá estado, incluida tu madre”. Con tildes y todo. Teclear eso ante desconocidos es un poco estresante.

Lo tecleé a toda hostia y, cuando me di cuenta, ya era tarde: la página no se había terminado de cargar, lo hizo cuando pulsé la “P”. El cursor volvió a la casilla del alias. Todos pudieron ver cómo escribía “or donde pases, mi polla ya habrá estado, incluida tu madrecabras-descuartizadas”, mientras lo tecleaba enfurruñado, sin levantar la cabeza del teclado, ni siquiera para darme cuenta de lo que pasaba en la pantalla. Intenté detener la página y dejó de responder el programa, congelado en esa imagen indeterminadamente. Para cuando salió el “El programa no responde y se cerrará automáticamente” ya era tarde. El experto informático de cada uno de ellos salió de su cascarón e intentaron uno por uno solucionar el problema, quedando, paulatinamente, perplejos por lo que veían escrito.

- ¡Bueno!- dijo el jefe- ¡Quizás debamos seguir su consejo y seguir viendo las instalaciones mientras EL (…) soluciona el problema, es un experto y…!

(…)
(…)

(…)

1 comentario:

Juan Asís Palao dijo...

Coqueteas con el humor de "The Office", pero te ha salido muy divertido. Yo al menos me he ido riendo mientras leía. El humor es cumplimiento de expectativas.

Voy siguiendo.