jueves, 16 de abril de 2009

Sobre lo que no es pertinente



Amalia estaba sentada frente a él en la cocina. Uli se limitaba a mascar hojas de coca (el compañero de piso de Amalia se había traído una buena bolsa de su viaje por Sudamérica), para ver si aquello hacía algo. Pero salvo dormirle ligeramente el paladar y las encías, nada más. Aún así, mascar tenía un cierto sentido rumiante que lo conectaba con el misticismo del altiplano, los gestos de una Alpaca y la suplicante esperanza de un campesino, con toda su colección de valores como la semilla, el grano, el sol, los buenos designios de Dios, y el sentido homicida de la protección de los suyos.

Amalia, el principal problema que tenía, era su impertinencia; ya sabes, muy de izquierdas, muy andaluza (afirmaba que el “andalú” era algo así como un idioma, cuando ambos estudiaban Filología y, desde ese sentido, libre de la roña de los patriotismos y los complejos de inferioridad, era una falacia hecha para agradar a los garrotes de los cortijos), pero que quedó prendada por esa supuesta honestidad, tan directa, de los anglosajones, importada vía EE.UU., pero totalmente malinterpretada de manera que quedaba reducida a una serie de eso, impertinencias, presunciones y, en general, exhibiciones de mala educación. Por añadidura, las ideas políticas le entraban por el mismo sitio en que el amor la exacerbaba, y, al tener un novio abertxale (de esos que se autodenominan de izquierdas), ahora lo veía todo desde las dulces brumas místicas del heroísmo post-coitum.

El caso era que ella y Uli eran compañeros de clase desde primero de carrera. Ella era guapa y atractiva, aunque nunca entablaron amistad hasta tercero. Y sí, hubo quizás algo de coqueteo al principio, pero Uli no lo vio claro y al final empezó a salir enseguida con otra chica y la cosa quedó ahí. Ahora, de Erasmus en Alemania, en el mismo destino, se veían más.

- Bueno, Uli- le dijo ella al sentarse a cenar- ya sé cómo eres, si te soy sincera.
Uli se despertó de su letargo y la miró sin parar de mascar.
- Pues cuéntamelo, estoy deseando saberlo.
- Vamos a ver, en la clase los compañeros nos lo contamos todo.
- ¿Ajá?- ya lo sabía. La gente mea por donde pasa como si fueran perros.
- Bueno, aquel sábado que nos encontramos en el Fun...
- Sí, me acuerdo, me lo pasé de puta madre, íbamos de tripis mis colegas y yo, un subidón fantástico...
- Me refiero a lo de luego.
- Ya.
- Convenciste a Ángeles para que te dejara dormir en su casa y luego...
- Hey, yo no la obligué.
- Pero bueno, en fin, que todos sabemos que eres un tío fácil.
- ¿Cómo?- esto era el colmo.
- Bueno, en otra fiesta te fuiste con aquella otra, una que casi nunca venía a clase.
- Sí, yo tampoco me acuerdo de cómo se llama. Fue un poco paranoico todo aquello.
- Bueno, pues eso, que somos amigos y ya está.
- Ah, qué bien, ya lo sabía. ¿Qué me quieres decir con eso? Además, por cierto, ¿no sabes que tengo novia?
- Sí, pero bueno, todos sabemos que lleváis una relación abierta...

Bueno, pensó, todos menos mi novia. Pero prefirió que esta lerda supusiera eso a la verdad. Era un especie de extraño sentido de la lealtad el que le hacía ocultárselo.

- De todas formas, no entiendo a cuento de qué me vienes con eso, si siempre me he mantenido a distancia.
- Sí, pero como ya sabemos cómo eres. Mira, es verdad que hay algo pendiente, pero es mejor que todo siga como está.

En fin, decirle la verdad la iba a dejar tan cortada que tuvo misericordia y la dejó que siguiera feliz en su mundo de suficiencia. No iba a ser tan mentecato de entrar en una absurda discusión sobre sus estúpidas suposiciones donde sólo las palabras se enfrentaran.

Pasó el tiempo y se encontraron en una fiesta. Ella llevaba varios meses sin ver a su novio y acababa de llegar de un breve regreso a Sevilla.

- Tío, en el vuelo me subía por las paredes.
- ¿Y eso?
- Bueno, como tenemos confianza... Necesito echar un polvo, no puedo más.
- Bueno, pues busca, esto es una fiesta.
- Pero es que... no sé, aquí no me interesa nadie... ¿Vamos un momento a otro cuarto y lo hablamos?
- Yo prefiero seguir en la fiesta, la verdad. Sal de caza, que no te costará nada pillar una buena pieza.

Pasó el tiempo y se volvieron a ver de nuevo, en otra reunión de amigos.

- Tío, estoy fatal. Necesito hacerlo como sea, pero no tengo con quién, ¡no tengo con quién!
- Tía, te lo montas muy mal. Yo siempre tengo algo por ahí, de hecho, me estoy tirando a una de mis compañeras de piso. Ya sabes que a mí me la suda todo y que mezclar esas cosas no es aconsejable, pero tienes que ser capaz de conseguirte lo que necesites en cada momento.
- Mira, todo esto es muy interesante- y se le acercó, muy cerca- ¿por qué no lo hablamos en un sitio más íntimo, nos vamos a mi casa, ya sabes?
- No me interesa, lo siento, es mejor que sigamos así; me convenciste.

Ahí quedó todo. Y lo peor era que Uli sabía que aún así, ella lo seguiría considerando un tipo fácil.

Y es que el enlace estupidez-vanidad es inquebrantable.

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3 comentarios:

Alejafinado dijo...

Empecé a leerte de nuevo, con la misma ilusión que te leía en el fotolog, me gusta todo lo que escribes muchísimo.

Sabes, tengo una profesora de literatura en la facultad que siempre parece que va puesta de menta-poleo, vive en una nube en la que todo es azul, fuera de sus tostones sobre métodos de análisis literario, no es rara la clase que termina diciéndonos que las dos horas de apuntes que he hemos tomado son todo mentira que la literatura es todo lo que no está escrito y cosas así que son muy rompedoras, todas las clases las termina recitando un poema y es todo como muy bohemio, bueno, a lo que iba es, que como dice ella, la novela es la gran mentirosa, tomamos un libro entre nuestras manos, hay un pequeño resumen sobre el libro, una descripción del autor y en la primera pagina ya nos está contando una mentira, y nos gusta...

Lo que a mí me apasiona de tu literatura, es que abro esa primera pagina y no me mientes, y si me mientes me ofreces una media verdad que me lleva por miles de vivencias...

Perdón por haber permanecido todo este tiempo fuera de combate.

Quacking-pingüino dijo...

Gracias, no sabes lo bien que vienen estas cosas a mi maltrecha moral.

Es curioso lo de la mentira, porque hay muchos escritores que recomiendan que la obra crezca sin que el autor se entrometa; que no se deje entrever al autor, como si su contacto la manchara.

Siempre he creído que o bien no comprendo lo que eso quiere decir, o simplemente estoy en contra. Porque creo recordar que Oscar Wilde lo recomendaba (aunque no estoy seguro). Sin embargo, en el Retrato de Dorian Gray todos los personajes reflejan una faceta distinta del propio autor en la vida real. Las afirmaciones de Lord Henry lo son de Wilde; las del pintor también; y los diálogos de Henry con la Duquesa sólo hubieran sido posibles si se hubiera clonado a Oscar. En fin, me lio.

Yo cojo algo, a veces una idea o un recuerdo; otras me imagino qué hubiera pasado, otras corrijo mediante el relato errores del pasado, en fin. Algo más híbrido.

Gracias por pasarte, y saludos!

(aunque no se quien eres, ni que decir tiene)

Vanlat dijo...

Acojonante.
Nunca dejará de sorprenderme el orgullo masculino.