miércoles, 13 de mayo de 2009

Ión-víspera

Cuando la tarde se pone naranja
y se cierra el cielo de vientos ionizados,
camino y respiro las silbantes alas
del oxígeno nervioso de las copas de los árboles.

El cielo gris queda cegado
por la extraña luz que emiten las aceras,
y nubes y tierra guardan una charla
donde el ocaso es el verbo color de fuego.

Y viene y va la luz,
prisionera como un eco atrapado entre dos muros,
dejando un espacio donde se hacen eléctricos
los pasos secos de los segundos.

La naturaleza anuncia un suceso,
las calles quedan desiertas,
y sólo entonces salen de sus cuevas
esos otros aires,

los que te elevan susurrando
que este vértigo de víspera
es ladrillo, arcilla y barro,
del palacio que erigiste
a los escalofríos.

... y a los rayos.

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3 comentarios:

Juan Asís Palao dijo...

Me ha gustado mucho por su armonía, por sus secuencias bien encadenadas. El motivo del sol naranja se desarrolla perfectamente hasta el final, puesto que los rayos y los escalofríos sugieren una ligera bajada de temperatura física y emocional.

Te aseguro que es de los mejores poemas que te he leído, y no porque los otros me resultasen cortos, sino porque esté es casi perfecto. Y pongo casi para no abusar.

Sigue así.

Quacking-pingüino dijo...

Gracias, Juan, lo he escrito esta mañana!

Anorama dijo...

buen blog!

un saludo


:-)