jueves, 14 de mayo de 2009

El holgazán



Joseph von Eichendorff escribió en 1826 la novela “Aus dem Leben eines Taugenichts” (Sobre la vida de un holgazán), donde hace una parodia de todos y cada uno de los tópicos que caracterizaban al movimiento romántico. Esta parodia resulta cuanto menos curiosa, viniendo del poeta lírico más importante del Romanticismo alemán, aunque en su período tardío.

Debe haber escritas toneladas de papel sobre el tema, pero, sin recurrir a ellas, me asalta la misma duda: ¿fue un ejercicio de autocrítica o, por el contrario, denunciaba la existencia de “románticos de estampita”?
El movimiento romántico, en toda Europa (salvo en España, que no llegó hasta Larra, cuando en Alemania se daba por finiquitada la corriente, como siempre), supuso la primera manifestación social de carácter juvenil donde se daba una ruptura generacional, y abundaban los llamados “Werthers”, en alusión al título (y al nombre del protagonista) de aquella obra temprana de Goethe que fue la piedra de toque del movimiento Sturm und Drang (tempestad e ímpetu), corriente precursora del Romanticismo y el Klassik alemán del final del siglo XVIII. Ser un Werther implicaba una estética (hasta se imitaban las ropas del personaje) y una forma de vivir y sentir (los "Sturm und Dranger" proclamaban la primacía de lo irracional); al final había miles de jóvenes que interpretaban el papel con mayor o menor éxito, pues la novela epistolar de Goethe fue un éxito de ventas total, con el mismo aire afectado y superficial y siguiendo la moda.

Como he dicho, debe de haber toneladas de papel sobre el tema, pero yo, todo chulo, me lo voy a inventar, y he decidido que esa novela era una crítica a los rebaños románticos; porque me apetece más, más que nada.

Y para ilustrar lo que Eichendorff señalaba como intolerable en las malas imitaciones, tengo aquí preparada esta “joya” de los años setenta que me atormenta desde hace años. O sea, con esta entrada quiero afirmar que ser romántico (o, mejor dicho, pertenecer al Romanticismo, que no es lo mismo) no implica ser un caradura de lágrima fácil, piel viscosa, cerebro-pasa, hígado-gruyer, todo ello sazonado con una labia que coordina, con un éxito totalmente obsceno, lo cursi y lo soez. Esos son otra "cosa".
Y, hablando de esos otros, de los que el precursor, sin duda, fue el Taugenichts, voy a enumerar de pasada algunos de los notables accidentes proletarios del Siglo XX que hicieron su irrupción en nuestras vidas gracias a la adaptación del burgués romanticismo a la clase media consumidora durante el Siglo XX. Figuras del micrófono tales como Dyango, Julio Iglesias, Luis Miguel, Sergio Dalma, o bifurcaciones orgánicas a dos, como Pimpinela, donde dos hermanos reales cantan a sus tormentosas relaciones sexuales que sucederían si no lo fueran (Dios, sufro, sí, no puedo evitarlo...)- al fin y al cabo los "europeos de Sudamérica" tenían que hacer su inconmensurable aportación...

Yo titularía este lo-que-sea que voy a compartir con vosotros así: “Lo que nunca se debe hacer, ni ser”; pero el genial autor de esta adaptación al español de una canción italiana (cuya autora guardaré en el anonimato por no perjudicarla), coherente consigo mismo (por otra parte), la tituló “Bellísimo”. La interpreta un tal Gonzalo, a quien todos reconoceréis si os cuento que en Verano Azul se coló con el nombre de “Bruno”, personaje rock-me-pajeo-star que se cayó de un acantilado al intentar coger un mechero como resultado de su mala digestión de la fama. Adjunto la letra de la canción, para que os conciencieis de que aquello a lo que el coronel Kurtz se refería como "el horror", existe.


Hoy he firmado mi sentencia.

La soledad por el teléfono.

Me has dicho:

¡bueno, si tú quieres,

adiós muy buenas!

Tu adiós

de hielo me ha sonado

como una piedra

atada en el estómago.

Se ha terminado nuestro juego,

tu burla amarga.

¿Por qué he perdido tanto tiempo

pensando en ti a cada paso?

Porque creí ser importante

y, al final, sólo fui un payaso.

Porque te abrí mi pensamiento

y confesé lo que yo siento.

Salté volando hacia la luna.

Te hice gozar como a ninguna. (nótese aquí que el artista demuestra su "ímpetu" entrando fuera de tiempo)

Te preguntaba y tú callabas,

me entristecía y tu dormías.

Y en el espejo, día a día,

me repetía que me amabas.

Te daba todo como un estúpido,

creyendo siempre ser el único.

Me sonreías y decías que…

Soy bellísimo, soy bellísimo,

A la mierda mi cuerpo

si mi alma está sola.

Soy bellísimo, soy bellísimo…

nana nana nanana nanana na naaaaaa

Ahora en las sombras de mi cuerpo,

donde se ahogan mis palabras,

me siento el ser más feo de la Tierra.

Eso me siento.

Si, me has deseado por mi cuerpo,

para exhibirme y pasearme

como un muñeco que anda solo,

como un ridículo estandarte.

Y mientras tanto mi sonrisa

se iba volando hacia tus ojos.

Te preguntaba si me amabas

y me tratabas como un tonto.

Me sonreías y decías que…

Soy bellísimo, soy bellísimo,

A la mierda mi cuerpo

si mi alma está sola.

Soy bellísimo, soy bellísimo

nana nana nanana nanana na naaaaaa

2 comentarios:

Juan Asís Palao dijo...

Trago duro,
trago duro,
¡Menudo trago más duro!

Felipe dijo...

No me hagas sufrir más, nooooooooooooo!!!! A la mierda mi cuerpooooooooo!!!!
Menudo lechugino indigno.
He tenido que reírme desde las holgazanas ganas de la desidia ignorante e impotente ante semejante usurpador de lo real.